• Imparable la configuración histórica por las peores tragedias de México
• El proyecto de la 4T, solo ha traído zozobra y muerte, violando todas las leyes posibles
• La Academia de Derecho Penal del Colegio de abogados de México, le demandó al Ejecutivo federal “menos politiquería y más justicia”
Por Blas A. Buendía
Ayer, la antigua PGR fue “una cuadrilla de malhechores”; hoy, la FGR, es “la revolución de la narco-maldición”, que pareciera una película de terror promovida por la Cuarta Transformación desde los amplios e históricos salones-sede de la Presidencia de la República de Palacio Nacional, cuyo proyecto solo le ha traído a México, zozobra y muerte, violando todas las leyes posibles.
Ese fenómeno de la incertidumbre, se centra en una serie de paradojas como la inquietud, la aflicción y la congoja del ánimo, que no dejan de sosegar, o por el riesgo que amenaza el mal que ya se padece, que pareciera hasta el lanzamiento de un juego de dados para ver cómo amanece la sociedad al día siguiente de su suerte, en un marco de desgracias impulsadas desde las esferas gubernamentales de la 4T.
Si bien la 4T es sinónimo de zozobra y muerte, que se traduce en la peor tragedia que haya padecido la historia de México, desde que López Obrador llegó a la Presidencia de la República, trazó una Agenda Nacional que se transforma en una “historia aterradora”, por la cauda de engaños y crímenes de Estado en contra de la propia sociedad y de periodistas críticos.
El penalista Alberto Woolrich Ortiz, en su calidad de presidente de la Academia de Derecho Penal del Colegio de abogados de México, A. C. —intelectual jurídico de alzada contra el actual sexenio—, aclara: “Cuan poco se honra en esta Cuarta Transformación de la Nación a la justicia, así lo demuestran las vejatorias obstrucciones efectuadas por la Fiscalía General de la República, que a cada paso cierra el camino que a la justicia conduce.
“México —añade— no puede mirar a la cara, la verdad de la narco-política. La veracidad y la certeza en ese rubro no extrañan, ni tienen cabida en el territorio de la República si no llevan el visto bueno de Andrés Manuel López Obrador. La poca importancia de la justicia da pauta a efectuar una severa vigilancia de ella y se puede decir sin equívoco alguno, que esa prolijidad es mayor que la que se le da a las drogas que circulan libremente protegidas por cierto narco-político”.
Y revela: “La omisión del actuar de Alejandro Gertz Manero constituye así, lisa y llanamente, un régimen de proteccionismo, inmunidad e injusticia, a fin de no perjudicar la muy lucrativa producción nacional de la narco-delincuencia política”.
Al respecto, las voces de la abogacía independiente de México y múltiples medios de información así lo confirman, y advierten que “eso es lo que no quiere nuestro País y el pueblo así lo confirma”.
Por ello —subraya— el Gobierno de la República Mexicana, hoy más que nunca, debe de actuar, “menos politiquería y más justicia”, no es concebible que en un País como el nuestro se permitan tales clases de aberración política y jurídica.
Analiza: “No resulta ser ni políticamente lícito ni jurídicamente racional expresar, como lo formulan ciertos Siervos de la Nación, que esas omisiones no resultan ser perversiones. Debido a esa estúpida politiquería, nuestras instituciones de procuración e impartición de justicia se han convertido en un repertorio de desconfianza.
“No se puede —subraya— ni tampoco se debe obviar una realidad, por terrible que ésta sea: si desde la cúpula del poder de ciertas instituciones de procuración y administración de justicia en el pasado se criaron innegables tipos de pactos mediante los cuales se crearon alianzas con la narco-delincuencia, organizándola, financiándola y sosteniéndola, ello fue porque se contaba con la permisibilidad o complicidad de amplios sectores de estamentos políticos e instituciones.
“Fue también porque dichos políticos confiaban —porque podían confiar— en la inhibición, omisión o parálisis de los órganos e instituciones formalmente encargadas de combatirla”, destacó.
Y sentencia: “La justicia tiene ahora la palabra, cuenta con la oportunidad de indagar, verificar, acusar, procesar, condenar y encarcelar al delincuente que propició tal desmán, toda vez que el poder criminal no debe de quedar impune, debe de triunfar la Constitución, la ley, la Justicia sobre la indecencia de esos muchos, cuyas togas sucias seguirán manchándose de felonía, convirtiendo a nuestra Procuraduría General de la República —Fiscalía General de la Federación—, en una cuadrilla de malhechores. ¡Es cuánto…!”, concluyó.
