Por Nancy Grajeda
El pasado martes 11 de febrero, un joven de 18 años fue captado por cámaras de seguridad en el municipio de Tultitlan, Estado de México, cuando dejaba dentro de una bolsa de plástico negra a su propio hijo, una criatura que momentos antes, su pareja, había dado a luz, por un aborto inducido, el pequeño aún tenía restos de placenta.
Las primeras declaraciones de la madre del recién nacido, que fue auxiliado por vecinos al
escuchar su fuerte llanto y que llamaron oportunamente a los servicios de emergencia, indicaron que toda la culpa de esta situación era del padre del menor que había sido captado por las cámaras, que ella había sufrido un nacimiento a destiempo y que había dejado a su pareja que se llevara al menor al hospital, mientras se ocupaba de las labores de limpieza de su área de trabajo, en una panadería.
Sin embargo, las últimas investigaciones han detectado que la madre del menor estaba de
acuerdo con su pareja para que el bebé fuera tirado, incluso si fuera posible a un canal, según se filtró en las capturas de pantalla de los mensajes de WhatsApp que los implicados se compartieron y que fueron filtrados por la madre del joven acusado de abandono de su hijo.
Éste y cientos de ejemplos podríamos citar para ilustrar cómo cierta parte de la población que habita este planeta, está sometida a lo largo de su vida, a una serie de factores que terminan influyendo en su comportamiento, el cual puede volverse violento y con un alto potencial para para dañar a sus semejantes.
Sin embargo, aunque el ser humano por naturaleza debería ser solidario y empático con sus semejantes, las condiciones materiales y sociales van determinando su conciencia, van formando su temperamento y su capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo. Por eso, al enterarnos de esta clase de noticias nos preguntamos: cómo un ser humano puede ser capaz de tal bajeza, de abandonar a su suerte a un pequeño, entre la vida y la muerte, tirado, en la calle.
El sistema económico que impera en nuestro planeta es el capitalismo, que como predijo el gran filósofo y economista Carlos Marx, está destinado a perecer debido a sus contradicciones internas. Este sistema se ha caracterizado por la explotación del hombre por el hombre, el patrón que se enriquece al contratar la fuerza de trabajo de sus semejantes, pagándoles por ello una miseria, lo justo para que mal coman, mal vistan y regresen al siguiente día con energía para continuar exprimiéndoles su fuerza y su juventud.
Este sistema está dando indicios de su decadencia, como lo ha venido analizando en distintos foros y materiales muy valiosos, el secretario general del Movimiento Antorchista Nacional, Maestro Aquiles Córdova Morán, y una de las muestras palpables más tristes que ha venido creando este sistema enfermo y agonizante, es precisamente, lo que mencioné renglones más arriba: seres carentes de empatía, como resultado de que desde edad muy temprana son orillados al consumo de drogas, pornografía, de música sin sentido y malos hábitos que van abonando en la decadencia del mismo sistema que los creo.
México, por ejemplo, ocupa el quinto lugar mundial en consumo de pornografía, cuya
normalización de estos contenidos, que lejos están ya de ser exclusivos del público adulto,
porque con el acceso a internet en distintos dispositivos, hasta los niños pueden acceder
fácilmente a estos sitios (aunque no busquen estos contenidos se los encuentran), ha conducido a un aumento significativo de comportamientos sexuales nocivos, en donde la continua exposición a la gratificación que produce la pornografía pone en marcha procesos en el cerebro similares a los de las adicciones al alcohol u otras drogas.
Todas estas conductas van dañando el tejido social y van generando seres afines al sistema: corrompidos, deshumanizados, que sin el mayor remordimiento pueden acabar con la vida de sus semejantes, puesto que ni las suya les importa.
Y no es que seamos parte del grupo de los conservadores a los que todo les asusta, y que
pregonemos con júbilo la decadencia del sistema y de la sociedad misma, sino que como pintan las cosas, esto se va a recrudecer y tenemos que estar alerta, mantenernos firmes para no ser arrastrados, sino como pregona nuestra organización social, el Movimiento Antorchista, luchar incluso a contracorriente para hacer que este sistema de una vez por todas termine de hundirse y entonces sí, se pueda ver la luz al final del túnel y podamos formar un mejor país, más próspero para nosotros, para nuestros hijos y para generaciones venideras, que no se merecen que les heredemos un país en decadencia, con seres humanos enfermos.
Te invito a ser parte de la vanguardia y a luchar por una patria mejor, luchemos por una vida más digna de ser vivida.
Etiquetas: Tejido social, Daño, Deshumanización, Sociedad, Pornografía, Decadencia,
Movimiento Antorchista, Empatía, Solidaridad.
