*El histórico arquero campeón de Champions con el Real Madrid es nuevo refuerzo para el arco del conjunto universitario
Por Yiram Anteliz
Un grupo de fanáticos cruzó la noche con la esperanza de estrechar la mano de una leyenda. Desde antes de que el reloj marcara la medianoche, comenzaron a llegar al Aeropuerto de la Ciudad de México seguidores de Pumas y nostálgicos del Real Madrid. Portaban camisetas blancas y azul y oro, deseosos de ver en persona al mítico Keylor Navas. Sin embargo, el tico no apareció por donde lo esperaban: fue escoltado discretamente hacia una sala privada, sin detenerse ni un instante para convivir con quienes lo esperaron durante horas.
Un aterrizaje fugaz, una salida sin ruido
El arquero costarricense apenas tocó suelo mexicano antes de ser trasladado a una zona exclusiva, lejos del bullicio de la terminal. Sin entrevistas, sin selfies, sin gestos para la tribuna. Pumas activó un protocolo casi de embajada para proteger al que será su guardián del arco. Y es que Navas no venía a instalarse aún, sino a hacer escala: su destino inmediato sería Guatemala, donde debe resolver el trámite de visa que le permitirá debutar oficialmente en el fútbol mexicano.
Pumas, urgido de orden en la portería
La directiva universitaria no oculta que su llegada es más necesidad que lujo. Tras dos partidos marcados por errores del joven Rodrigo Parra, cada día cuenta. En menos de 180 minutos, el novel arquero ha cometido pifias que han costado puntos y confianza. El cuerpo técnico, encabezado por Efraín Juárez, ve en Keylor no solo a un símbolo de experiencia, sino al ancla emocional que el vestidor necesita con urgencia. Por ello, todo se acelera: exámenes médicos, papelería, y presentación oficial.
Guatemala, la última escala antes de vestirse de auriazul
El paso por la capital mexicana fue apenas un parpadeo. Keylor ya se encuentra en tierras guatemaltecas, donde completará los documentos migratorios que lo habiliten para jugar en México. Si todo sale como está previsto, será presentado este jueves como refuerzo estelar de Pumas. Y aunque los aficionados se quedaron con las manos vacías —sin autógrafo, sin foto, sin sonrisa—, lo importante para el equipo es que su nueva muralla esté lista para custodiar el arco este mismo viernes frente a Querétaro.
