*El mundo se encuentra en un periodo donde la paz está muy lejos de reinar, pues Rusia y Europa siguen escalando las tensiones hacia una tercera guerra mundial
Por Yiram Anteliz
Europa está viviendo días de tensión que parecen sacados de un preludio de guerra. Estonia denunció que tres cazas rusos MiG-31 se metieron en su espacio aéreo cerca de la isla Vaindloo, apagados, sin avisar y sin comunicarse con nadie. Estuvieron allí más de diez minutos y eso, para un país tan expuesto como Estonia, es casi una declaración de provocación. Tallin no dudó en señalarlo como un acto inaceptable y exigió a la OTAN una respuesta firme.
Drones en aeropuertos y un aire de sabotaje
Como si eso no bastara, drones rusos aparecieron sobre aeropuertos y bases militares en Dinamarca, entre ellos Skrydstrup, donde están los F-16 y F-35 daneses. Hubo cierres temporales y pánico operativo. Algo similar pasó en Polonia y Rumanía, con drones detectados cerca de la frontera. La sensación general es que Rusia está probando hasta dónde puede llegar sin que haya consecuencias reales. Parecen ataques híbridos disfrazados de meros incidentes, pero cada minuto que pasa sube la posibilidad de un error fatal.
República Checa pide derribarlos
El presidente de la República Checa, Petr Pavel, fue el que habló más fuerte. Dijo que ya no basta con protestar y que la OTAN debe estar lista para derribar aviones rusos si se vuelven a meter en espacio aliado. Palabras así no se escuchaban desde hace décadas en Europa Central. Pavel, que sabe de guerra porque fue general de la OTAN, básicamente pidió pasar de las notas diplomáticas a la acción militar. Muchos lo ven como un llamado urgente a reaccionar antes de que Moscú cruce más líneas.
Moscú responde con amenaza
La respuesta de Rusia llegó rápido y con tono amenazante. El embajador ruso en Francia, Alexey Meshkov, declaró que si un solo avión ruso es derribado por la OTAN, eso significará guerra. No hubo rodeos ni lenguaje diplomático: fue una advertencia directa, casi como si se tratara de un ultimátum. Para Moscú, que se sienten constantemente “provocados” por Occidente, cualquier derribo sería el disparo inicial de un conflicto abierto. El mensaje fue claro: cuidado con apretar el gatillo, porque lo que viene después no se puede parar.
Alemania pide freno, pero también refuerzos
En medio de todo esto, Alemania intenta poner un poco de calma. El ministro de Defensa dijo que sí hay que responder, pero sin caer en la trampa de la escalada. Berlín sabe que un movimiento precipitado puede ser el inicio de algo mucho más grande. Aun así, también están reforzando defensas y vigilancia en el flanco oriental, porque nadie quiere ser sorprendido. Es una postura doble: contención diplomática, pero al mismo tiempo preparación militar.
Aviones rusos cerca de Alaska
Y mientras Europa lidia con sus propias pesadillas, en el otro lado del Atlántico los radares del NORAD detectaron aviones rusos, entre ellos bombarderos estratégicos Tu-95, volando cerca de Alaska en la zona de identificación aérea. Estados Unidos envió F-16 para interceptarlos, como ya ha pasado otras veces, pero la coincidencia temporal con las intrusiones en Europa no parece casual. La pregunta que muchos se hacen es si Moscú está midiendo la paciencia no solo de Europa, sino también de Washington.
Trump calienta más el ambiente
Como si la situación no estuviera lo suficientemente cargada, Donald Trump lanzó declaraciones que suenan como luz verde a la confrontación. Dijo que estaría bien derribar aviones rusos si entran en espacio de la OTAN, “dependiendo de las circunstancias”. Para un expresidente y hoy líder de nuevo en Washington, esas palabras pesan demasiado. En Moscú las interpretan como un permiso para atacar, y en Europa oriental algunos gobiernos lo ven como un respaldo necesario. Lo que queda claro es que cada vez se habla menos de incidentes aislados y más de la posibilidad real de que una guerra mayor esté a la vuelta de la esquina.
