VIH en personas adultas mayores: una epidemia silenciosa que exige derribar prejuicios y fortalecer la prevención

*El aumento de casos de VIH en las personas adultas mayores revela una realidad de falta de un control médico específico para evitar diagnósticos tardíos que ponen en riesgo su vida

El Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) es un virus que ataca y debilita el sistema inmunitario del cuerpo, específicamente las células CD4 que combaten infecciones. Sin tratamiento, el sistema inmunitario se daña con el tiempo, lo que puede llevar a una infección por VIH a SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), la fase más avanzada de la infección

La imagen tradicional del VIH suele asociarse a personas jóvenes. Sin embargo, el envejecimiento de la población y el aumento en la expectativa de vida de quienes viven con el virus están configurando un escenario que exige nuevas miradas. Las personas adultas mayores no solo representan un grupo creciente dentro de las estadísticas globales, sino que también enfrentan riesgos, barreras y estigmas que dificultan tanto la prevención como el diagnóstico oportuno.

Datos de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (ONUSIDA) indican que el número de personas de 50 años o más que viven con VIH ha aumentado de forma significativa en las últimas dos décadas. Los avances terapéuticos han permitido que quienes adquirieron el virus en etapas tempranas de la epidemia alcancen edades avanzadas; pero también se registra un número creciente de nuevas infecciones en este grupo etario.

A nivel mundial, se estima que 40.8 millones de personas viven con VIH, de las cuales 4.2 millones se estima que son personas adultas mayores. En América Latina y el Caribe, 2.8 millones de personas viven con el virus, y en México se registran cerca de 12 mil nuevas infecciones al año.

Aun así, las personas adultas mayores suelen permanecer invisibles en las campañas de prevención. Esta invisibilidad puede considerarse una forma de discriminación y maltrato, porque limita su acceso a información, diagnóstico y atención oportuna.

Factores que aumentan el riesgo

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Los síntomas en las personas adultas mayores pueden adquirir VIH por las mismas vías que cualquier otra persona, principalmente por relaciones sexuales sin protección, por el uso compartido de agujas, o por fluidos corporales (leche, semen o fluidos vaginales). A esto se suma la desinformación, los estereotipos que consideran a las personas mayores como asexuales y la baja percepción de riesgo.

Es fundamental prestar atención a ciertos síntomas que pueden confundirse con otras enfermedades, retrasando el diagnóstico y aumentando la vulnerabilidad, entre los síntomas se encuentran:

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Los indicadores que alertan son:

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Las personas adultas mayores con VIH tienen un riesgo mayor de presentar complicaciones de las enfermedades crónicas no transmisibles como: hipertensión, diabetes, y fragilidad. Por ello, requieren un enfoque de atención integral que considere el manejo de las enfermedades, la vigilancia farmacológica y el acompañamiento emocional y social. Además, enfrentan doble estigmatización: por edad y por el VIH. Combatir el edadismo y la discriminación es clave para garantizar su derecho a una atención digna y libre de prejuicios.

El Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) tiene el Centro de Atención Integral CAI Universidad, que es un espacio seguro que brinda atención médica de primer nivel con enfoque gerontológico, cuyo objetivo es proteger, promover y restaurar la salud de las personas adultas mayores, además de orientación y acompañamiento, garantizando que las personas adultas mayores reciban una atención integral, libre de discriminación y con pleno respeto a sus derechos humanos. Para más información: https://www.gob.mx/inapam/acciones-y-programas/centro-de-atencion-integral-inapam.

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