*El régimen iraní a ordenado cortar el internet y la telefonía como represión en contra de los manifestantes
Por Yiram Anteliz
Apagón informativo en medio del caos
Desde la noche de ayer, 8 de enero, la República Islámica ha impuesto un bloqueo total de internet y telefonía que ha dejado al país en una oscuridad comunicativa casi absoluta. Según organizaciones de monitoreo como NetBlocks, la conectividad ha caído al 1% de su capacidad habitual. Esta medida busca asfixiar la organización de las protestas que, tras doce días consecutivos, se han extendido a más de 100 ciudades, dificultando la denuncia de violaciones a los derechos humanos y el conteo real de víctimas.
El ayatolá Jameneí rompe el silencio con tono desafiante
En un esperado discurso televisado este viernes 9 de enero, el líder supremo Ali Jameneí adoptó una postura de «cero concesiones». El mandatario calificó a los manifestantes de «vándalos» y los acusó de actuar bajo las órdenes de potencias extranjeras. «No cederemos», aseguró Jameneí, vinculando directamente el descontento social con una estrategia de desestabilización orquestada, según su narrativa, por Estados Unidos e Israel para complacer a la administración Trump.
Un saldo trágico que no deja de crecer
A pesar del cerco informativo, organismos internacionales y ONGs han logrado documentar una escalada en la violencia. Se estima que al menos 51 personas han perdido la vida, incluyendo 9 menores de edad, desde que iniciaron las movilizaciones por el colapso económico y la inflación. La represión se ha intensificado especialmente en las provincias kurdas, donde el régimen ha desplegado fuerzas de élite de la Guardia Revolucionaria (IRGC) para contener lo que consideran una amenaza directa a la seguridad del Estado.
La «sombra» de Trump y la tensión geopolítica
La crisis interna de Irán ha saltado rápidamente al tablero internacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado advertencias severas, asegurando que su país está «listo para intervenir» si el régimen continúa con el uso de fuerza letal contra los civiles. Por su parte, el canciller iraní, Abás Araqchi, denunció desde el Líbano que Washington busca transformar protestas económicas legítimas en un «estado de violencia armada», elevando la tensión en una región ya de por sí volátil.
De la crisis económica al desafío político
Lo que comenzó como una protesta por el alza en los precios de productos básicos y la devaluación del rial se ha transformado en un desafío estructural al sistema teocrático. Las consignas en las calles de Teherán y otras capitales provinciales han pasado de reclamos financieros a gritos de «muerte al dictador». Con miles de detenidos y las prisiones bajo alerta máxima, Irán enfrenta uno de los momentos más críticos para su legitimidad política desde la revolución de 1979.
