El péndulo de la diplomacia / Así lo dice La Mont

Permanencia: La conducción de la política exterior mexicana bajo el mando de Juan Ramón de la Fuente se ha distinguido por un pragmatismo de continuidad que, lejos de romper con el pasado inmediato, ha buscado perfeccionar los mecanismos de interlocución establecidos durante el sexenio anterior. Al asumir la titularidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores, De la Fuente no solo heredó un tablero geopolítico complejo, sino también una estructura operativa donde la figura de Marcelo Ebrard sigue proyectando una sombra institucional de largo alcance. Esta transición se manifiesta con claridad en la gestión de la agenda con Estados Unidos, el eje neurálgico de la soberanía nacional.

La permanencia de Roberto Velasco Álvarez al frente de la Subsecretaría para América del Norte es la prueba fehaciente de este hilo conductor. Velasco, quien fuera la mano derecha de Ebrard en las negociaciones más críticas del periodo pasado, se mantiene como el engranaje principal que mueve los hilos de la relación bilateral, asegurando que los canales de comunicación con Washington no sufran las sacudidas propias de un cambio de administración, permitiendo a De la Fuente concentrarse en la estrategia macro mientras la operación fina sigue bajo el mando de un cuadro formado en la escuela ebrardista.

Vuelta: El regreso de Juan Ramón de la Fuente a la escena pública tras su reciente periodo de convalecencia ha suscitado interrogantes naturales sobre su capacidad de operación en un cargo que exige una presencia física y mental exhaustiva. Sin embargo, su retorno al despacho de la Cancillería ha sido interpretado por los círculos diplomáticos no como un acto de debilidad, sino como una reafirmación de su compromiso con el proyecto de nación de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Durante su ausencia médica, la dependencia no sufrió parálisis gracias a la estructura de relevos institucionales, lo que demuestra que De la Fuente ha logrado construir un sistema que trasciende su individualidad. Su perfil, caracterizado por una serenidad académica y una vasta experiencia en foros internacionales como la ONU, lo posiciona como un operador confiable cuya principal fortaleza es la prudencia. En un contexto donde la diplomacia mexicana enfrenta desafíos inéditos, su capacidad para delegar y supervisar, incluso bajo circunstancias personales adversas, ha sido vista como un rasgo de madurez política que otorga estabilidad a la administración.

Perfil: La duda sobre si el doctor De la Fuente concluirá su gestión o si, por el contrario, será relevado en el mediano plazo, es un tema recurrente en las mesas de análisis político. La naturaleza del gabinete de Sheinbaum sugiere una búsqueda de perfiles que garanticen una transición tersa hacia la consolidación del T-MEC y la gestión de las crisis migratorias.

Si bien existen rumores sobre posibles relevos naturales ante el desgaste propio del cargo, el peso específico de De la Fuente como figura de equilibrio y su prestigio intelectual actúan como un seguro de permanencia. Su salida solo parecería probable bajo un escenario donde la presidenta requiriera un perfil con un matiz más combativo o partidista, algo que por ahora no parece estar en el horizonte inmediato de una política exterior que privilegia la cooperación técnica y el respeto mutuo sobre la confrontación retórica.

Equilibrio: Un punto crítico en su gestión ha sido el papel otorgado al personal de carrera del Servicio Exterior Mexicano (SEM). Históricamente, la SRE ha sido un campo de batalla entre la meritocracia diplomática y los favores políticos. De la Fuente ha intentado navegar estas aguas defendiendo un equilibrio que, según sus propias palabras en el Senado, mantiene a dos de cada tres representaciones en manos de diplomáticos profesionales. A pesar de los polémicos nombramientos de exgobernadores en consulados clave y embajadas estratégicas, el canciller enfatiza en fortalecer al Instituto Matías Romero y en promover a cuadros técnicos en subsecretarías.

No obstante, la percepción dentro del SEM es de cautela, pues aunque se abrieron espacios para embajadores de carrera en foros multilaterales, los premios de consolación política en consulados generales de la frontera norte y ciudades europeas siguen siendo una moneda de cambio que el canciller debe administrar al justificar estas designaciones como una necesidad de representación política directa del Ejecutivo.

Bilateral: La relación con el secretario de Estado Marco Rubio, es el barómetro de la eficacia de De la Fuente. A pesar de las marcadas diferencias ideológicas previstas, ambos funcionarios mantienen una comunicación fluida y pragmática. Hasta la fecha, el total de encuentros sostenidos, tanto presenciales en Washington y la Ciudad de México como a través de llamadas de alto nivel, suma más de media decena de contactos sustanciales. Estos intercambios cristalizaron en acuerdos específicos en materia de seguridad, enfocados principalmente en el combate al tráfico de fentanilo y el control de armas.

Rubio encontró en De la Fuente a un interlocutor que habla el lenguaje de los resultados tangibles, lo que desactivó, al menos temporalmente, las amenazas de aranceles y medidas unilaterales. El «Programa de Cooperación de Seguridad Fronteriza» es el fruto más visible de esta relación, donde México aceptó una coordinación más estrecha a cambio de un respeto irrestricto a la soberanía, una línea roja que el canciller trazó con firmeza en cada comunicado.

Equipo: Para sostener este andamiaje diplomático, Juan Ramón de la Fuente tiene un equipo compacto que combina la experiencia técnica con la lealtad. Además del referido Roberto Velazco en América del Norte, destacan figuras como la embajadora María Teresa Mercado Pérez en la Subsecretaría de Relaciones Exteriores. El equipo se suma Raquel Serur en la Subsecretaría para América Latina y el Caribe, aportando una visión regional necesaria tras las crisis diplomáticas recientes, y Enrique Ochoa en Asuntos Multilaterales.

En la oficina interna, Roberto Armando de León Huerta funge como el jefe de oficina y brazo derecho para la operación cotidiana, mientras que Jorge Islas López lidera la Coordinación General de Consulados, una nueva estructura que busca centralizar la protección de los mexicanos en el exterior. Este inner circle es el que permite que la política exterior de México funcione como un reloj, navegando entre la herencia de Ebrard y la impronta propia de un canciller que entiende que en la diplomacia, el fondo es forma

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