Inicio: El Embajador Ronald Johnson asumió la representación estadounidense en México en un momento de transición para la relación bilateral, marcada por el regreso de una agenda de seguridad más estricta bajo la administración de Donald Trump. A su arribo a la CDMX y la posterior entrega de sus cartas credenciales ante la presidenta Claudia Sheinbaum en mayo de 2025, su desempeño se caracteriza por un pragmatismo frontal. A diferencia de la diplomacia de «puertas abiertas» y mediática que caracterizó a su antecesor Ken Salazar, Johnson prioriza una comunicación centrada en resultados operativos, con un lenguaje que no rehúye a los asuntos más espinosos de como el control fronterizo y la soberanía en la lucha contra el crimen organizado.
Proceso: La ratificación de Ronald Johnson por parte del Senado de los Estados Unidos ocurrió el 9 de abril de 2025, en una votación que reflejó la polarización política en Washington. Con 49 votos a favor y 46 en contra, su confirmación fue estrictamente partidista, recibiendo el respaldo en bloque de los republicanos y el rechazo de la bancada demócrata. Durante sus audiencias de confirmación, Johnson dejó clara su postura de «tolerancia cero» hacia las redes de tráfico de fentanilo, un discurso que resonó con la base de su partido pero generó cautela en los círculos diplomáticos mexicanos debido a sus declaraciones sobre la posibilidad de realizar acciones unilaterales en casos extremos donde la vida de ciudadanos estadounidenses se encontrará en riesgo.
Postura: Este perfil firme no es nuevo en su trayectoria, pues Johnson ya sirvió como embajador en El Salvador entre 2019 y 2021. Su estancia en el país centroamericano, fue una pieza clave en la consolidación de la relación entre Washington y el gobierno de Nayib Bukele y su misión fue calificado por la Casa Blanca como exitosa, logrando acuerdos significativos en materia de reducción de migración irregular y cooperación policial. No obstante, también enfrentó críticas de organismos internacionales por su cercanía con el ejecutivo salvadoreño en momentos de tensión al priorizar la estabilidad y el control de la seguridad regional por encima de las formas diplomáticas tradicionales.
Sin tregua: En cuanto al combate al narcotráfico, Johnson mantiene una posición crítica respecto a las estrategias en México. Si bien reconoce los esfuerzos institucionales, puntualiza en diversas ocasiones que la cooperación debe ser técnica y sin «pausas» administrativas. Para Johnson, la prioridad es el desmantelamiento de los laboratorios de drogas sintéticas y la interrupción de las cadenas de suministro de precursores químicos. Señala que el gobierno mexicano debe intensificar la coordinación con las agencias estadounidenses, al sugerir que el respeto a la soberanía no debe ser un obstáculo para la eficiencia operativa en la captura de objetivos prioritarios que operan en ambos lados de la frontera.
Alcance: Su agenda de contactos en México es sumamente activa, buscando tender puentes con diversos sectores de poder más allá del Palacio Nacional. Johnson se teuneb de manera recurrente con gobernadores de estados fronterizos y del Bajío, zonas que considera críticas para las cadenas de suministro de las empresas estadounidenses.
Asimismo, mantiene encuentros con grupos de intelectuales vinculados a centros de pensamiento económico y con líderes de organismos empresariales como el Consejo Coordinador Empresarial y la American Chamber México. En estas reuniones, el mensaje es constante: la seguridad jurídica y física es la condición necesaria para que las inversiones sigan fluyendo hacia territorio mexicano bajo el marco del T-MEC. Vs antecesores: Al comparar su gestión con la de su antecesor, Ken Salazar los cambios son notables y definidos por el tono político. Mientras que Salazar cultivó una relación de extrema cercanía y visitas frecuentes a la sede del Ejecutivo, Johnson mantiene una distancia institucional.
La diplomacia del «sombrero tejano» y la mediación personal de su antecesor fue reemplazada por una diplomacia de agencias y cumplimiento de tratados. Johnson no busca la empatía ideológica con el gobierno en turno, sino el cumplimiento de las metas de seguridad y comercio que dicta la política exterior de la nueva administración en Washington.
En el ámbito legislativo, Johnson estableció contacto formal con el Grupo de Amistad México-Estados Unidos de la Cámara de Diputados. Estos encuentros se centraron en la necesidad de armonizar marcos legales que faciliten el intercambio de información en materia de seguridad y la modernización de los cruces fronterizos. A diferencia de las reuniones protocolarias del pasado, Johnson empleo estos foros para urgir a los legisladores mexicanos a robustecer las leyes contra el lavado de dinero y la fiscalización de puertos, dejando en claro que su misión principal es asegurar que México sea un socio previsible y seguro para los intereses de los Estados Unidos.
