Dilación en el “control” del Imperio del crimen penitenciario

*Desde que al jefe policiaco metropolitano Omar García Harfuch le fue asignada por Decreto la Subsecretaría del Sistema Penitenciario de la CDMX, no ha entregado el cuadro sipnótico  que prometió para desterrar —supuestamente— los altos índices de corrupción carcelaria

*Revelan que altos mandos “trabajan” alcoholizados o bajo los efectos de substancias prohibidas

Por Blas A. Buendía*

Fue nombrado como secretario de Seguridad Ciudadana de la capital del país en octubre de 2019; meses después y de forma “maquillada” de los centros penitenciarios de la capital. Posee una formación académica con Licenciaturas en las materias de Derecho y en Seguridad Pública con las cédulas profesionales, respectivas, 11257438 y 11318432, perfeccionando una larga carrera policial, ya que proviene de una familia dedicada para combatir el oscuro Imperio del Crimen.

Omar Hamid García Harfuch, a pesar de ello, no ha podido con la encomienda que se le encargó en reciente fecha: “acabar de tajo” tanto con los altos índices de corrupción carcelarios y los campos de batalla que a últimas fechas se han adueñado de la capital del país, donde por cierto, sufrió en carne propia un atentado de graves dimensiones, en el cruce de Paseo de la Reforma y Monte Blanco, en el exclusivo suburbio Lomas de Chapultepec, el 26 de junio de 2020, resultando herido de tres heridas por bala.

El Imperio del crimen es el principal obstaculizador para recobrar la paz social de toda la nación, interpretándose que a pesar de su seriedad en el servicio público local y federal, aparentemente Harfuch “ya fue doblegado” por parte de las grades mafias que han transformado a la capital como la “ciudad del miedo”, elevándose como un rango propicio para la impune operatividad del crimen organizado.

El reflejo se observa como marabunta en los abarrotados centros penitenciario de la metrópoli porque la sociedad desde hace mucho tiempo sigue en espera que el Gobierno de la Ciudad de México, y el propio gobierno federal, presenten un cuadro sipnótico que el propio Harfuch “dio su palabra” para desterrar —supuestamente— los altos índices de corrupción carcelarios. Han pasado meses, y la omisión lo embarga como funcionario público.

Fue una mascarada, sin embargo, la que le jugó el sistema oclocrático gubernamental tanto de la Ciudad de México, como a nivel federal, la centralización declarada como decreto por el cual el Sistema penitenciario de la capital pasa al control de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC); estos movimientos de mandos no han servido de nada.

Carecen de los efectos positivos esperados, y mucho menos se trate de mejorar las condiciones, aptitudes y perfiles de los funcionarios que han hecho su pequeña parcela económica en aras de ejercer un poder de facto cuando el secretario de Gobierno, Martí Batres, señaló que “el cambio es con el fin de fortalecer la procuración de justicia y la reinserción social”.

La tenacidad de sus declaraciones tropiezan en el terreno de la demagogia, toda vez que dicho “decreto”, firmado por el propio Batres y el secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, fue el lunes 6 de septiembre del año 2021, estableciéndose un enlace de aparente mutualidad al transferirse la Subsecretaría del Sistema Penitenciario de la Secretaría de Gobierno (SECGOB) a la SSC, ambas de la Ciudad de México.

De nada han servido estos cambios estratégicos cuando son los mismos rostros corruptos que han predominado por años, quinquenios y décadas, y que la fatalidad de la realidad es también incoherente al no garantizar transformaciones sustantivas.

Diputados locales y federales, así como miembros del Senado de la República, acusan que es otra “mojiganga” del sistema oclocrático convertido en gobierno porque, por ejemplo, se esperaba que en la Subsecretaría del Sistema Penitenciario de la Secretaría de Gobierno, estrenaría nuevos rostros, pero lamentablemente no es así, porque el muy cuestionado Enrique Serrano Flores, fue ratificado en fecha reciente como titular de esa área.

Empero, la complejidad de soluciones no se va a dar de la noche a la mañana —reconocen los propios detractores del gobierno en turno—, sino que se debe contemplar una estrategia de Estado conforme a expresiones visuales, de ideas y textos ampliamente utilizados como recursos instruccionales, que comuniquen la estructura lógica de la información de seguridad, organizando contenidos sencillos y condensados que lo comprenda la propia sociedad.

Una fuente de alta confiabilidad, misma que solicitó se reservara su identidad con la firmeza de no ser víctima de un ajuste de cuentas, detalla que “seguimos esperando la famosa ‘reestructuración’ de Omar García Harfuch en la Subsecretaría del Sistema Penitenciario de la CDMX”; pero la omisión lo sigue embargando como funcionario público. “Si no puede, es mejor que renuncie”, demandaron.

A cuenta gotas y de forma ambigua, la prensa en general no profundiza sobre la problemática que sigue habiendo detrás de los grandes muros de concreto que rodean los centros penitenciarios, como tampoco revelan a través de la investigación periodística responsable, referente a las clasificaciones de graves faltas que cometen los altos mandos de custodios, los cuales han permitido la generación de autogobiernos, mismos que poseen contar con grupos de “élite”, “antenas” o “chivatones” para alertar de cualquier rebelión de presos.

La gravedad no solo se presenta en los altos mandos, sino que a través del tráfico de influencias, la misma “hermandad” mantiene un férreo control para “premiar” la ineficiencia de los propios jefes de custodios. Es un círculo vicioso donde impera el tráfico de drogas y los ajustes de cuentas entre los propios internos de los reclusorios. “Es un auténtico infierno cualquier reclusión”, consideraron.

Si bien son elementos para realizar otros amplio reportaje, denunciaron además que los subalternos de altos mandos “trabajan” alcoholizados o bajo los efectos de las drogas, como fue también el caso del custodio Enrique Aceves Martínez, a quien acusaron de ser uno de los 25 o 30 “aviadores” que están bajo las órdenes del subdirector de Seguridad de los Centros Penitenciarios de la CDMX, Jaime Sánchez Martínez, cuyo nombramiento fue misteriosamente impulsado por la influencia política de la ex lideresa Elba Esther Gordillo Morales.

En este océano de interacciones, “extraña e impunemente” a Aceves Martínez no se le levantó ninguna falta administrativa el día 19 de Abril, cuando salió a dejar el parte informativo, regresando en estado de ebriedad por la noche, impidiéndosele entrar a su centro de labores. Cuán sería el grado de inseguridad cobijado en la impunidad, que al día siguiente acudió a registrar su salida sin problema alguno.

Igualmente, en otra suma de irregularidades fue la que se registró también el 19 de abril. La custodia “Monse” —una de sus consentidas y presuntas amantes de Jaime Sánchez Martínez—, salió por la mañana a asuntos escolares, regresando hasta en la noche en estado inconveniente, solo que a esta señora la dejaron pasar para que se le bajara la borrachera, y como si no hubiera pasado nada, pues estaba de encargado Fernando Cornejo, Jefe de los Servicios de Apoyo.

Es de hacer notar que esos malos trabajadores a quienes sus propios compañeros los califican como “la cofradía de los teporochos”, forman parte de la estructura del Centro de Ejecución de Sanciones Penales Varonil Norte, donde curiosamente laboraba anteriormente el actual Subdirector de Seguridad de los Centros Penitenciarios de la CDMX, Jaime Sánchez Martínez. “Toda una ralea famélica y cómplice, amante del Dios Baco”, incriminaron.

Otro claro ejemplo es el de un custodio de apellido Carrillo, quien se venía desempeñando como Jefe de los Servicios de Apoyo del Reclusorio Preventivo Varonil Norte; sin experiencia alguna le asignaron el cargo de subdirector de Seguridad de los Centros Penitenciarios de la CDMX.

Los altos mandos anduvieron exhibiendo a ese imberbe funcionario por todo el sistema penitenciario con “bombo y platillo”, quien no tardó mucho en presentar su renuncia porque se vio rebasado por la hermandad de presos en colusión con los altos mandos, pese a que fue benefactor de la operatividad del famoso “dedazo”.

Se creía que esa corriente de corrupción solo se daba entre los partidos políticos nacionales, y otros núcleos sociales, la degeneración del compadrazgo se ha enseñoreado en el sector penitenciario para “salvar el pellejo” de quienes son los verdaderos responsables de la inseguridad que se vive en los interiores de los reclusorios, los cuales no son de readaptación social sino auténticas universidades del crimen.

Mención aparte merece el Centro de Ejecución de Sanciones Penales Varonil Norte, donde estaba de comandante Jaime Sánchez Martínez; en dicho centro, siguió permitiendo la venta de droga, porque uno de sus subalternos Fernando Cornejo Rivera, cuenta con fuerte influencia para introducir mochilas conteniendo substancias prohibidas.

El modus operandi del señor Cornejo tiene “pica porte” para entrar y salir del Centro de Ejecución de Sanciones Penales Varonil Norte. Acusan que sale por vehículos…, aparenta primero irse en su auto, —cosa rara—, y en unos cuantos minutos regresa en otro automotor con una mochila que no le es revisada, puesto que va directo al Dormitorio 4 con un reo de nombre Pedro Castrejón. En el interior de esa mochila va “embarazada” de droga, según custodios que pidieron que no se revelara sus identidades.

En otro punto importante a destacar, los elementos del Sistema Penitenciario de la CDMX le demandan a Omar García Harfuch la pronta “reestructuración” de los altos mandos para hacer una asepsia administrativa, toda vez que los camiones que permiten la entrada de enseres para los internos y custodios, el 98 por ciento de éste personal no se alimenta de los “ranchos” que son entregados a los presos quienes sufren vejaciones y un sinfín de enfermedades gastrointestinales.

Afirman que el personal de custodios prepara desde sus casas sus sagrados alimentos, o encargan su comida por fuera de los centros penitenciarios, incluso evitan hacer sus compras en las “tienditas” existentes en las cárceles, donde los precios están por las nubes. Ejemplificaron que el costo de una botella con agua vale 18 pesos. “Solo habría que imaginar el costo de los refrescos”, indicaron.

Explicaron que familiares de los PPL (Persona Privada de su Libertad —o sea los internos—), tienen que llegar cargando sus refrescos por lo caro que se venden en las tienditas de los centros de reclusión penitenciaria.

Reiteraron su llamado para que Omar García Harfuch, “tome al toro por los cuernos” y frene todo grado de corruptelas, “De por sí, todas las cárceles de la ciudad, tienen hacinamientos humanos y nunca han dejado ser minas de oro. “¡Ya basta que los malos funcionarios se llenen sus bolsillos de dinero sucio”, expusieron.

La fauna humana también está presente en esta conflictiva área de “readaptación” social, porque ya no se sabe a quién habrá que “readaptar”, si a los internos o a los altos mandos, desde el director hasta los mismos carcelarios.

La ingobernabilidad de la capital se traduce también en el portal del https://penitenciario.cdmx.gob.mx/, con un coloquial y confuso mensaje que pone al descubierto la mala política de la actual administración local porque cada link “está roto”.

“Este sitio tiene fines exclusivamente informativos y ha sido modificado temporalmente con motivo del Proceso de  Renovación de Mandato en cumplimiento a lo ordenado en los artículos 35 fracción IX numeral 7 y 134 párrafos 7º. y 8º., de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y 33 párrafo 5º. y 7º., de la Ley Federal de Renovación de Mandato”.

De hecho, la dilación en el “control” del Imperio del crimen penitenciario, sigue siendo el fenómeno a vencer que, lamentablemente, el gobierno que emanó de la plebe para dar vida al fenómeno de la Oclocracia, perdurará hasta que el elector desee salvar su vida, sus usos y costumbres, y su propia Patria.

Pero la astucia y la demagogia de los gobiernos son infinito, porque para Martí Batres Guadarrama, “iniciamos el proceso administrativo y jurídico de transferencia del Sistema Penitenciario de la Secretaría de Gobierno a la Secretaría de Seguridad Ciudadana; serán testigos de este proceso los contralores internos de ambas dependencias y se le dará un seguimiento puntual”.

De la demagogia a la praxis, existe un margen muy extenso.

Reportero Free Lance *

Premio México de Periodismo Ricardo Flores Magón-2021

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