Yo Campesino / Caló duro

*Ganso y huestes descalificaron a Muñoz Ledo, pero no se desmarcaron del crimen organizado

Por Miguel A. Rocha Valencia

Independientemente de la nueva geografía política que a partir de estas elecciones puedan presumir los morenos, cargarán con el estigma de contar entre sus principales promotores a grupos del crimen organizado cuya participación directa en la cooptación de votos en favor de sus candidatos a gobernador, munícipes o legisladores, está documentada.

Quedará también, más allá de que las huestes del ganso controlen más de las dos terceras partes de las gubernaturas, con la connivencia de grupos criminales que hoy, como acusó la senadora Lilly Téllez, tienen un brazo político, la garantía de mayor impunidad incluso para gobernar territorios “legalmente”, controlar presupuestos públicos y desde luego crear más empresas “limpias” como desde siempre lo han hecho.

Porque en la oleada de descalificaciones a Porfirio Muñoz Ledo, a quien tildaron de anciano y fuera de sus cabales lo mismo desde Palacio Nacional hasta el Ayuntamiento y las cámaras legislativas federales, no conllevaron un desmarque real de los grupos criminales, a los cuáles, según el machuchón, hay que cuidar porque son seres humanos, evitar perseguirlos y enfrentarlos aunque asesinen, secuestren y trafiquen con drogas, armas o personas, pero que eso sí, “se portan bien” a la hora de las elecciones, siempre a favor de Morena.

A diferencia del sinaloense Francisco Labastida Ochoa, Porfirio Muñoz Ledo y Lilly Téllez, hicieron sus acusaciones en cajas de resonancia: la sonorense en el Senado y el ex diputado en el seno de la XL Reunión Plenaria de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina (COPPPAL).

La senadora, de frente a legisladores morenistas y sus aliados en plena sesión. Los señaló y les dijo que eran el brazo político del crimen, en tanto Muñoz Ledo fue muy claro al advertir al ganso: “entienda que su contubernio o alianza con el narco no es heredable porque éstos, como lo han hecho siempre y en todas partes, en plazas políticas, se entiendan con el que va a llegar, ya no va a necesitar el narco del presidente”.

Y esto último, es lo más grave porque en la evolución criminal, llegará el momento en que el poder de los cárteles sea tanto, que como sucedió con muchas policías, en vez de tener acuerdos con los políticos, los van a someter en todos sentidos, serán sus empleados y quien no obedezca, se pondrá “malito”.

De tal suerte que llegará el momento si esto no cambia en que como hoy los hacen pobladores o madres que buscan a sus hijos, los políticos pedirán permiso a los grupos criminales para postularse como candidatos y aceptar las condiciones de servidumbre que les impongan.

Frente a ellos, ni los militares podrán alzar la mano como hoy lo hacen por ¿Instrucciones presidenciales? en la alianza denunciada por Muñoz, Téllez o Labastida y que se evidencia por los dichos del mismo mesías tropical quien afirma que con su método, atacando la raíz de la criminalidad, la va a eliminar, como si con “becas” pudiera competir con el poder financiero de las empresas delincuenciales que se calculan en miles de millones de dólares.

Porque no sólo son los cultivos y el tráfico de drogas sino también de mujeres, de niños, armas, contrabando, robos, secuestros de personas y comunidades, derechos de piso a empresas y changarros, cuotas por tránsito de mercancías y desde luego, empresas legítimas, como las agencias de autos que tuvo Rafael Caro en Jalisco o muchas “fachada” de las que hay a lo largo de la costa del Pacífico, incluyendo de importaciones y exportaciones de todo tipo, conteniendo productos del campo como lo hacían los Beltrán Leyva.

Es mucho lo que ya abarcan los grupos delincuenciales, por eso el estudio difundido hace meses por el Departamento de Estado de Estados Unidos afirmaba que más de la tercera parte del territorio nacional ya estaba controlado por la delincuencia organizada. Ahí mismo se habló de la infiltración en las Fuerzas Armadas, cuyos negocios van más allá de la administración de entidades públicas.

Por eso no resulta exageración cuando el experimentado político aun incrustado en Morena advierte que desde hace dos o tres años no existe transición democrática, sino que inició una reversión autoritaria con un nuevo integrante: el crimen organizado, que, según Muñoz Ledo, es el “nuevo rey de la Selva”.

Este rey no va a pactar, se va a imponer como lo hace en las regiones que controla, así pasa en vastas zonas de Sinaloa, Sonora, Jalisco, Nayarit, Colima, Guerrero, Michoacán, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz, Oaxaca, Guanajuato y Chiapas, sin olvidar Estado de México.

Así evoluciona, primero acepta condiciones, se deja “rentear” pero una vez empoderado, este “nuevo rey” se impone y ordena. Que lo digan en Aduanas o en la franja fronteriza, especialmente Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua, Sonora o Baja California.

La pregunta es ¿Quién los va a detener?

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