Benito Juárez y la reelección obradorista

Por Blas A. Buendía*

Muy inspirado estaba Andrés Manuel López Obrador hablando del natalicio de Benito Juárez y cómo busca gobernar el país con su “ejemplo…”, hasta que se le hizo la pregunta incómoda de que si consideraba un error la reelección del presidente oaxaqueño. “Es que no voy a hablar de eso en estos momentos”, aclaró arrogante el mandatario.

—¿Pero lo considera un error?, le insistió uno de los reporteros en la conferencia mañanera.

—“Son circunstancias y son tiempos”, espetó López Obrador, y enseguida eligió la siguiente pregunta.

Datos históricos

“Tengo la persuasión de que la respetabilidad del gobernante le viene de la Ley y de un recto proceder y no de trajes, ni de aparatos militares propios solo para los reyes de teatro”: Benito Juárez

Reelección de Juárez 1871

Las elecciones de 1871 fueron el proceso electoral que se llevó a cabo para elegir al Presidente de México que abarcaría el periodo de 1971-1885.

En esa elección fue nuevamente reelecto el entonces Presidente en funciones Benito Juárez; Juárez tuvo muchas críticas por desear prolongarse tanto tiempo en el poder.

Muchos de sus antiguos amigos o colaboradores se habían vuelto sus críticos y deseaban que se retirara. Sin embargo, Sebastián Lerdo de Tejada insistía en presentarse a la elección, aun pese a su delicado estado de salud.

Sebastián Lerdo de Tejada, sin embargo, entró al poder el primero de diciembre de 1872 y finalizó el 20 de noviembre de 1876. Durante su gestión de cuatro años realizó lo siguiente:

Trató de pacificar al país debido a las constantes guerras y enfrentamiento que se dieron desde la Consumación de la Independencia.

El 23 de septiembre de 1873 le dio más poder e hizo que se continuara cumpliendo las Leyes de Reforma para que el aspecto político y social tuviera mayor control.

Decretó la expulsión de los jesuitas y de la orden de hermanas de la caridad.

Inauguró el ferrocarril México-Veracruz.

Reintegró la Cámara de Senadores.

La industria de México se impulsó con la ayuda de capitales principalmente de Inglaterra y Francia.

Cuando Sebastián Lerdo de Tejada y Corral, iba a concluir con el periodo de su gobierno, en 1876, trató de modificar algunas leyes para poder reelegirse en el cargo el cual ostentó del 18 de julio de 1872 al 20 de noviembre de 1876 , lo cual provocó el disgusto de muchos mexicanos.

El 10 de enero de 1876, Porfirio Díaz Mori se levantó en armas con el propósito de derrocar a Sebastián Lerdo de Tejada mediante la Promulgación del Plan de Tuxtepec, en Villa de Ojitlán, municipio de San Lucas Ojitlán en Tuxtepec, estado de Oaxaca.

Fue respaldado y apoyado por una serie de militares liderados por el coronel Hermenegildo Sarmiento, secundado por los porfiristas Vicente Riva Palacio, Irineo Paz y Protasio Tagle, quienes fueron instigados por el general Porfirio Díaz.

Díaz fue quien formó la anterior versión del Plan de Diciembre de 1875, acuerdo que no incluía uno de los puntos más importantes del Plan en el que se le nombraba Presidente.

El Plan de Tuxtepec se basa principalmente en la desautorización de Sebastián Lerdo de Tejada como Presidente de la República de México, al mismo tiempo se reconocía la Constitución, las Leyes de Reforma y también proclamaba al general Porfirio Díaz como el líder absoluto del movimiento que tiempo después se convertiría en el Presidente de México por espacio de tres décadas.

La muerte de Juárez

El 18 de julio de 1872 a las 9 horas tuvo que llamar a su médico Ignacio Alvarado el cual llegó cerca de las 10:00. A las 11:00, el político oaxaqueño sufrió de calambres muy dolorosos que lo llevaron forzosamente a la cama. Tenía el pulso bajo y sus latidos débiles. El tratamiento típico de la época aplicado, fue arrojarle agua hirviendo en el pecho, cosa que se hizo luego de colocarle la olla hirviendo en el pecho. Con tal remedio, Juárez reaccionó.

Juárez siguió mal. Su familia estaba reunida, hijas, hijo, yernos y amigos. También diversos amigos y políticos fueron llegando a la sala.

Juárez tuvo la insistencia de los ministros de Relaciones Exteriores José María Lafragua y el Ministro de Guerra el general Alatorre, en esa tarde ambos pidieron ver al presidente para recibir instrucciones.

Los médicos mexicanos más prestigiados de ese entonces acudieron a Palacio Nacional: Gabino Barreda y Rafael Lucio, pero nada pudieron hacer.

Juárez se tendió de lado izquierdo poniendo una mano bajo su cabeza. Muy fatigado, con evidente falta de oxígeno sonrió e inmediatamente murió. Eran las 23:35 del 18 de julio de 1872 cuando los tres médicos reunidos declararon muerto al Presidente.

Sus hijas gritaban de dolor: “¡Papá, papá, no te vayas!” La causa de su deceso fue anguina de pecho. En la actualidad, una placa en el lugar de su muerte da cuenta de ello. Benito Pablo Juárez García fue un abogado y político mexicano, de origen indígena, Presidente de México en varias ocasiones, del 21 de enero de 1858 al 18 de julio de 1872, es decir, duró en el cargo catorce años.

A nivel mundial, se le conoce como el “Benemérito de las Américas”, y una vez conocida la fatídica noticia, hubo un mar de solemnidades en todo el país en su honor.

Su legado mundial

“Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”: Benito Juárez García.

Su antítesis 

Tan igual a las ambiciones reeleccionistas (Léase la maniobra oscura y tenebrosa de Andrés Manuel López Obrador), Benito Juárez se prorrogó en el poder. Produjo descontentos entre los patriotas de su propia causa y el país se incendió con la Guerra Civil después de 1867.

“Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo, pero con sus hechos lo traicionan”. Esta es una de los máximas pensamientos del Licenciado Benito Juárez García, que hoy como nunca, paradójicamente, cobra vigencia en los nulos afanes de esos falsos mesías y redentores que pretenden perpetuarse en el poder.

El político tabasqueño, sin embargo, comenzó a tejer su estratagema para poner de cabeza, aún más a México, que no aceptará la cadena de engaños sistémicos que ha venido sembrando, bajo la conducción de Cuba, de seguir transformado al territorio mexicano en un gigantesco Campo Santo, so pretexto en el combate al narcotráfico.

Pese a todas esas vicisitudes, es justo retomar el legado de Vicente Guerrero: “La Patria es Primero”.

Reportero Free Lance *

Premio México de Periodismo Ricardo Flores Magón-2021

filtrodedatospoliticos@emilianomx

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