En las cámaras fotográficas es el carrete donde está el rollo de fotos y en el cine para rebobinar la cinta filmada. La pelicula del cine se medía en pies (“feed”), término que se utiliza mucho en las redes sociales, en la actualidad. El “reel” también se utiliza desde hace años para mostrar el trabajo de los actores de manera breve.
Las plataformas de Meta, Facebook e Instagram y luego en Youtube, desde 2020 adoptaron el término “reel” para sus videos cortos verticales para competir contra la plataforma china “Tik tok”. Por regla general son de máximo dos minutos.
En el mundo virtual o en línea, las nuevas formas o alternativas de comunicación, el influencer puede llegar a ser el líder en la opinión pública o en la comercialización de todos los productos que el marketing pueda crear y ofrecer a los millones de usuarios, principalmente a los Millenials y a los de la generación “Z”, quienes son los económicamente productivos en el mundo. Es decir, los que generan dinero, compran y venden, o para ser más directos, los que consumen cosas.
El marketing utiliza todas las plataformas e influencers para promocionar el producto que venden. Con ello, generan dinero. Algunos mucho dinero, fama y lujos. Pero para la mayoría, miles de millones generan frustración, odio, marginación, invisibilidad, pérdida de identidad y hasta mínimos deseos de vivir, con lo que ha generado grandes problemas de salud mental entre los adolescentes, jóvenes y adultos jóvenes.
Si la televisión, el cine y hasta la radio utilizan el modelo de belleza occidental como el prototipo del éxito seguro; el automóvil, relojes, perfumes, productos de belleza, ropa y zapatos de marca, como símbolo de estatus e imán de mujeres bellas y de ser el centro del mundo, pues ese mundo de una falsa apariencia, trivial, superficial, de fetiches, de apariencia falsa y cosificada.
Por lo anterior, sólo valen cosas y no la esencia humana, concepto que ha sido trasladado al mundo virtual y a las redes sociales por el marketing y la competencia de mercado de una manera cruda, cruel y sin sentido, por lo que ha creado el “reel” de la frustración en paralelo ha aumentado un problema grave de salud pública: las enfermedades mentales.
En 2025, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que 720 mil personas se suicidan a nivel mundial cada año, y el grupo principal oscila entre 15 y 29 años. Lo que se significa que los jóvenes son los que más se van de este mundo por la llamada puerta falsa. La OMS en sus campañas afirma que un acto desesperado como el suicidio es una solución ilusoria y engañosa que no soluciona el dolor o frustración.
En México, el INEGI registra año con año una tendencia a la alza de suicidios de jóvenes y afirma que en este 2026 el alza es preocupante, con un porcentaje elevado en hombres (55.9%) y mayor incidencia en jóvenes y jóvenes adultos de 15 a 44 años.
En nuestro país, aunque aparentemente aislados, los casos mediáticos de jóvenes frustrados, incomprendidos, aislados e invisibilizados son la punta del iceberg de ese problema de salud.
Los casos más recientes son el sucedido en el 22 de septiembre de 2025 en el CCH Sur donde Lex Asthon Cañedo, de 19 años, quien apuñaló a Jesús Israel Hernández de 16 años e hirió a un trabajador. Lex Ashton pertenecía a la comunidad en Facebook de “los incel” o célibes involuntarios donde se difunden discursos de odio, discriminatorio y antifeministas.
En esos mismos grupos de redes sociales, hay mensajes que animan a este tipo de sujetos como Alex Ashton a realizar los ilícitos y hasta los premian con medallas virtuales. Ellos, como Ashton, entienden que esas comunidades son su “familia” y es donde desahogan sus frustraciones, por lo que sus compañeros los incitan a cometer ilícitos o atentar contra su vida.
El otro caso sucedió en Michoacán. El joven de 15 años, Osmar H., escribía sus mensajes en Instagram, donde subía fotos cargando un rifle semiautomático AR-15 y en su último mensaje se leía: “Hoy es el día”.
El 24 de marzo se presentó a su preparatoria, discutió con una maestra y luego accionó el arma matándola. Persiguió a la otra en el pasillo también quitándole la vida. Era un alumno de recién ingreso y no mostraba ser conflictivo, pero decidió ir a su colegio a matar.
El 20 de abril pasado, cerca de las 11:30 de la mañana, un hombre de 27 años, Julio César Jasso Ramírez llegó como turista a Teotihuacán y en la Pirámide de La Luna, ya con cubrebocas disparó contra los visitantes, todos ellos extranjeros, matando a dos e hiriendo a 13. Minutos después, en enfrentamiento con la Guardia Nacional, ya herido en una pierna, se quita la vida.
A Jasso Ramírez se le encontró material relacionado con la masacre de la secundaria de Columbine, en Littleton, Colorado, donde dos adolescentes asesinaron a 12 estudiantes y a un profesor en 1999.
Las autoridades dijeron que Jasso Ramírez tenía una tendencia a copiar situaciones que masacres de otros lados. A pesar de ser de Guerrero, testigos dijeron que usaba un español usado en España. Hablaba de que la Pirámide de la Luna se había hecho para sacrificios no para tomar fotos.
Se afirma que la influencia de las redes sociales fue determinante en su decisión. Se le vinculó con la “True Crime Community” (Comunidad de Crímenes Reales) donde se glorifican las masacres y se idolatra a perpetradores de tiroteos.
Investigaciones de las autoridades, arrojaron que tenía un perfil “Copycat” (imitador) y su exposición a contenidos de odio y simbología extremista en línea pudo acelerar su distanciamiento de la realidad. En sus mensajes en YouTube anticipó que sería protagonista de un ataque en Teotihuacán. Su psicopatología aumentó al utilizar redes sociales y foros de Internet para nutrir una obsesión con crímenes violentos para la obtención de notoriedad.
Internet y las redes sociales, si son útiles para la comunicación interpersonal y masiva para crear comunidad, también tiene la otra cara de la moneda, está creando antihéroes y quienes quieren ser héroes a través de la violencia y la agresión y quitándo vidas en lo que llamo el “reel de la frustración.”
Por tanto, Internet y las redes sociales, es estos temas, debe ser estricta su reglamentación en México. Cuidar a los jóvenes y niños y evitar, hasta donde sea posible, más acciones como las ya presentadas donde la muerte está a la vuelta de la esquina. Y esa decisión es de Estado.
De acuerdo con el Diccionario Collins, “reel” es una palabra que proviene del inglés antiguo “hreorl” que significa carrete, bobina o máquina para enrollar hilo o cable. El termino “reel” se utiliza en la pesca, en las máquinas de coser, cámaras fotográficas y en el cine.
En las cámaras fotográficas es el carrete donde está el rollo de fotos y en el cine para rebobinar la cinta filmada. La pelicula del cine se medía en pies (“feed”), término que se utiliza mucho en las redes sociales, en la actualidad. El “reel” también se utiliza desde hace años para mostrar el trabajo de los actores de manera breve.
Las plataformas de Meta, Facebook e Instagram y luego en Youtube, desde 2020 adoptaron el término “reel” para sus videos cortos verticales para competir contra la plataforma china “Tik tok”. Por regla general son de máximo dos minutos.
En el mundo virtual o en línea, las nuevas formas o alternativas de comunicación, el influencer puede llegar a ser el líder en la opinión pública o en la comercialización de todos los productos que el marketing pueda crear y ofrecer a los millones de usuarios, principalmente a los Millenials y a los de la generación “Z”, quienes son los económicamente productivos en el mundo. Es decir, los que generan dinero, compran y venden, o para ser más directos, los que consumen cosas.
El marketing utiliza todas las plataformas e influencers para promocionar el producto que venden. Con ello, generan dinero. Algunos mucho dinero, fama y lujos. Pero para la mayoría, miles de millones generan frustración, odio, marginación, invisibilidad, pérdida de identidad y hasta mínimos deseos de vivir, con lo que ha generado grandes problemas de salud mental entre los adolescentes, jóvenes y adultos jóvenes.
Si la televisión, el cine y hasta la radio utilizan el modelo de belleza occidental como el prototipo del éxito seguro; el automóvil, relojes, perfumes, productos de belleza, ropa y zapatos de marca, como símbolo de estatus e imán de mujeres bellas y de ser el centro del mundo, pues ese mundo de una falsa apariencia, trivial, superficial, de fetiches, de apariencia falsa y cosificada.
Por lo anterior, sólo valen cosas y no la esencia humana, concepto que ha sido trasladado al mundo virtual y a las redes sociales por el marketing y la competencia de mercado de una manera cruda, cruel y sin sentido, por lo que ha creado el “reel” de la frustración en paralelo ha aumentado un problema grave de salud pública: las enfermedades mentales.
En 2025, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que 720 mil personas se suicidan a nivel mundial cada año, y el grupo principal oscila entre 15 y 29 años. Lo que se significa que los jóvenes son los que más se van de este mundo por la llamada puerta falsa. La OMS en sus campañas afirma que un acto desesperado como el suicidio es una solución ilusoria y engañosa que no soluciona el dolor o frustración.
En México, el INEGI registra año con año una tendencia a la alza de suicidios de jóvenes y afirma que en este 2026 el alza es preocupante, con un porcentaje elevado en hombres (55.9%) y mayor incidencia en jóvenes y jóvenes adultos de 15 a 44 años.
En nuestro país, aunque aparentemente aislados, los casos mediáticos de jóvenes frustrados, incomprendidos, aislados e invisibilizados son la punta del iceberg de ese problema de salud.
Los casos más recientes son el sucedido en el 22 de septiembre de 2025 en el CCH Sur donde Lex Asthon Cañedo, de 19 años, quien apuñaló a Jesús Israel Hernández de 16 años e hirió a un trabajador. Lex Ashton pertenecía a la comunidad en Facebook de “los incel” o célibes involuntarios donde se difunden discursos de odio, discriminatorio y antifeministas.
En esos mismos grupos de redes sociales, hay mensajes que animan a este tipo de sujetos como Alex Ashton a realizar los ilícitos y hasta los premian con medallas virtuales. Ellos, como Ashton, entienden que esas comunidades son su “familia” y es donde desahogan sus frustraciones, por lo que sus compañeros los incitan a cometer ilícitos o atentar contra su vida.
El otro caso sucedió en Michoacán. El joven de 15 años, Osmar H., escribía sus mensajes en Instagram, donde subía fotos cargando un rifle semiautomático AR-15 y en su último mensaje se leía: “Hoy es el día”.
El 24 de marzo se presentó a su preparatoria, discutió con una maestra y luego accionó el arma matándola. Persiguió a la otra en el pasillo también quitándole la vida. Era un alumno de recién ingreso y no mostraba ser conflictivo, pero decidió ir a su colegio a matar.
El 20 de abril pasado, cerca de las 11:30 de la mañana, un hombre de 27 años, Julio César Jasso Ramírez llegó como turista a Teotihuacán y en la Pirámide de La Luna, ya con cubrebocas disparó contra los visitantes, todos ellos extranjeros, matando a dos e hiriendo a 13. Minutos después, en enfrentamiento con la Guardia Nacional, ya herido en una pierna, se quita la vida.
A Jasso Ramírez se le encontró material relacionado con la masacre de la secundaria de Columbine, en Littleton, Colorado, donde dos adolescentes asesinaron a 12 estudiantes y a un profesor en 1999.
Las autoridades dijeron que Jasso Ramírez tenía una tendencia a copiar situaciones que masacres de otros lados. A pesar de ser de Guerrero, testigos dijeron que usaba un español usado en España. Hablaba de que la Pirámide de la Luna se había hecho para sacrificios no para tomar fotos.
Se afirma que la influencia de las redes sociales fue determinante en su decisión. Se le vinculó con la “True Crime Community” (Comunidad de Crímenes Reales) donde se glorifican las masacres y se idolatra a perpetradores de tiroteos.
Investigaciones de las autoridades, arrojaron que tenía un perfil “Copycat” (imitador) y su exposición a contenidos de odio y simbología extremista en línea pudo acelerar su distanciamiento de la realidad. En sus mensajes en YouTube anticipó que sería protagonista de un ataque en Teotihuacán. Su psicopatología aumentó al utilizar redes sociales y foros de Internet para nutrir una obsesión con crímenes violentos para la obtención de notoriedad.
Internet y las redes sociales, si son útiles para la comunicación interpersonal y masiva para crear comunidad, también tiene la otra cara de la moneda, está creando antihéroes y quienes quieren ser héroes a través de la violencia y la agresión y quitándo vidas en lo que llamo el “reel de la frustración.”
Por tanto, Internet y las redes sociales, es estos temas, debe ser estricta su reglamentación en México. Cuidar a los jóvenes y niños y evitar, hasta donde sea posible, más acciones como las ya presentadas donde la muerte está a la vuelta de la esquina. Y esa decisión es de Estado.
