Así lo dice La Mont

Ahí están: La reciente concentración política en la capital de Chihuahua movió el tablero nacional de cara a la próxima contienda federal intermedia. El reencuentro de los expresidentes Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, dos figuras que durante años mantuvieron una sana distancia , compartiendo el mismo escenario para respaldar a la gobernadora María Eugenia Campos Galván frente a las presiones del gobierno federal, cambió la memoria de la política mexicana. Este evento qué llevó la rúbrica de su precursor de Batopilas Manuel Gómez Morin evocó una de las metáforas más potentes del imaginario político del norte de México: el regreso de los bárbaros del norte, una vieja etiqueta que resurgió con fuerza para describir la resistencia de un bastión que se niega a ser asimilado por el centro del país.

Origen: Para comprender la carga simbólica de este suceso, se recuerdan los orígenes de una denominación nacida a finales del siglo XIX y consolidada durante los años ochenta. Originalmente, el término fue acuñado desde el centro de la República con despreció para referirse a los caudillos revolucionarios de Sonora y Chihuahua, hombres de carácter pragmático, recio y ajenos a los refinamientos cortesanos de la capital.

Posteriormente, la frase fue aplicada con orgullo durante las intensas batallas democráticas de 1986 en Chihuahua, cuando empresarios, agricultores y ciudadanos norteños, bajo las siglas del Partido Acción Nacional, desafiaron el hegemonismo del partido oficial. Se les llamó bárbaros no por falta de civilidad, sino por su obstinación, su lenguaje directo y su empuje indomable para exigir el respeto al voto y al federalismo.

Unidos: La reaparición de Vicente Fox y Felipe Calderón en suelo chihuahuense obliga a preguntarse si estos liderazgos representan una réplica genuina de aquellos combatientes. Por un lado, ambos expresidentes encarnan el éxito institucional de esa larga marcha norteña que culminó con la alternancia en el año 2000; su estilo de confrontación y su retórica sin cortapisas frente a la actual titular de Ejecutivo Federal emulan la osadía de los viejos doctrinarios del albiazul. Sin embargo, ubicarlos como una copia fiel resulta inexacto, ya que el ejercicio del poder federal desgastó sus figuras y las revistió de un pragmatismo institucional que dista de la pureza civilista de los años ochenta.

Más que una réplica de la original barbarie democratizadora su presencia en Chihuahua opera como un hecho nostálgico del músculo que alguna vez cohesionó a la oposición tradicional, presentándose ahora como defensores de un modelo de seguridad e inversión regional frente al centralismo¿Son campos!: El blindaje político desplegado hacia la gobernadora tiene implicaciones directas en la reconfiguración del panismo tradicional en Chihuahua de cara a los comicios de 2027. La movilización no solo reunió a las cúpulas partidistas, sino que activó las estructuras locales y reavivó una identidad regionalista que históricamente le otorgó dividendos a Acción Nacional.

Al unificar las distintas corrientes internas bajo la narrativa de una persecución externa y la defensa del estado, el panismo chihuahuense contuvo temporalmente el avance del oficialismo, transformando un conflicto judicial y de seguridad en una bandera de resistencia local. Este cierre de filas cohesiona a las bases y posiciona a la entidad como el epicentro de la resistencia opositora, reactivando la vieja mística del voto fronterizo.

La efectividad de esta estrategia de resistencia de cara a los escenarios futuros dependerá de la capacidad del partido para traducir el entusiasmo del mitin en una plataforma de gobierno que conecte con las demandas actuales de la ciudadanía, más allá de la nostalgia por los liderazgos del pasado. El tablero de 2027 comenzó a disputarse desde ahora en las plazas del norte, donde la vieja retórica de la autonomía y el orgullo regional vuelve a ser el eje central del discurso político

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