*Sube deuda, cae recaudación fiscal; empresas y trabajadores huyen del ISR
Miguel A. Rocha Valencia
Como las mañaneras, el informe presidencial está dirigido a quienes creen la palabra del oficialismo, pero la verdad es que estamos tan mal que en sólo dos años se aumentó la deuda en más de dos billones de pesos, para alcanzar los cerca de 20 billones.
El profeta de la 4T la dejó en 17.5 billones frente a los casi 10 billones que le heredó Enrique Peña Nieto. A este ritmo y modelo, dicen los enterados, al cerrar el presente sexenio podríamos rondar los 25 billones de pesos.
Esto porque por más que se habla de consolidación fiscal y de frenar el endeudamiento y por ende disminuir el déficit, el gato programable aumenta no cada año sino mes con mes al aumentar el número de “programas sociales” y los abonados a los mismos, como sucede con las diversas becas y pensiones que se entregan sin evaluación alguna, ya que el chiste es tener “beneficiarios agradecidos” aunque no necesiten el apoyo.
Los números “dicen” que el adeudo llegó a los 19.2 billones de pesos, aunque hay quien dice que es más por los fondos y bonos de rescate para pagar a proveedores de Pemex, es decir 51.5 del PIB.
Pero lo interesante es que en 2026 la deuda aumentó 1.4 por ciento justo cuando se aseguró que se buscaría disminuir el déficit y alcanzar la ya demagógica consolidación fiscal. Para colmo, los ingresos tributarios disminuyeron ya que, si bien se reportan 124 mil millones más que en el mismo período de 2025, si se descuenta inflación, nos salen debiendo.
Y es que uno de los principales componentes de los ingresos fiscales es el Impuesto Sobre la Renta el cual bajó en seis por ciento y evitó alcanzar las metas trazadas por Hacienda en cambio, los gastos aumentaron.
Esa caída del ISR se deriva principalmente de la huida de miles de “unidades económicas” o empresas a la informalidad y con ello, la masa laboral que empleaban, de tal suerte que dueños y trabajadores, dejaron de pagar ese y otros impuestos.
Es por eso que a pesar de presumir que México es uno d ellos países con mayores índices de desocupación, lo cierto es que el 55 por ciento, es decir cerca de 35 millones de personas en edad y voluntad de laborar, lo hacen en la informalidad, donde el ISR desaparece en tanto que los empresarios que les dan empleo, tampoco lo hacen ni cotizan el dos por ciento ni para otorgar prestaciones sociales, donde entre ahora el gobierno para intentar cubrir la asistencia a la salud con cargo al presupuesto o sea, a deuda.
El hecho trae como consecuencia también que la pobreza laboral también repuntó, ya que los asalariados tienen seguro el mínimo acordado por gobierno y empresarios, pero los informales no.
Eso se debe principalmente a que, de acuerdo con la OCDE, México es el país donde más horas se labora, pero se produce menos, es decir, nuestro índice de productividad, lo cual reduce los márgenes de utilidad de las empresas por lo cual muchas de ellas, se dan de baja para no pagar los salarios ni jornadas del “bienestar” y se ajustan a su propia realidad económica, restando ingresos tributarios al SAT.
Pero ese mismo esquema de presionar salarios sin una base de productividad y la incertidumbre generada por la modificación constitucional ha reducido los niveles de nuevas inversiones dentro de la Inversión Extranjera Directa (IED), predominando principalmente la reinversión de utilidades ya existentes, comonya hemos detallado.
La International Chamber of Commerce (ICC) y analistas señalan que la falta de un entorno predecible y la inquietud sobre la imparcialidad de los tribunales han provocado que corporaciones y socios comerciales replanteen o retrasen sus proyectos en el país, lo cual le pega al crecimiento, al desarrollo y al empleo.
Incluso la ICC y gobiernos extranjeros e instituciones financieras han advertido que el país requiere un sistema de impartición de justicia transparente y con contrapesos sólidos para retener el atractivo económico a largo plazo, amén de políticas reales en cuanto al empleo y seguridades a las empresas.
Mientras eso no se resuelva la informalidad va a persistir, más ahora que Hacienda anuncia un apretón más a los “grandes contribuyentes” y mayor recaudación en causantes internacionales vía las aduanas, con lo que seguramente van a espantar más a los inversionistas.
Mientras, a seguir gastando y votando el dinero no sólo en programas clientelares sin restricción ni medición sino en las obras que resultaron un fiasco que deben mantenerse con dinero fiscal en vez de cancelarlas y ahorrar ese dinero que se tira a la basura como…
