En el Hotel Pierre Mundo Imperial, los viajes no solo comienzan frente al mar, sino también con un gran bocado. Y es que en emblemático ambas experiencias se encuentran en la mesa, donde los sabores de Acapulco adquieren nuevas historias, entre ingredientes, técnicas y una cocina que invita a quedarse un poco más.
Bajo la propuesta del chef Carlos Ulloa, la gastronomía de Pierre apuesta por platillos con carácter, de esos que despiertan la curiosidad desde la primera mirada y sorprenden con cada textura. El Lechón Confitado y el Parmentier de Pato son dos de las propuestas que mejor cuentan esta historia.
El primero llega en forma de un delicado lingote de lechón, confitado durante 8 horas para conseguir una textura suave y profunda, acompañado por un guiso de lentejas, elote baby glaseado en piloncillo y un fondo de guajillo. Una combinación que reúne notas dulces, especiadas y reconfortantes en un solo plato.
El Parmentier de Pato propone otra ruta de sabores; pato confitado y deshebrado sobre un puré de plátano macho con especias, acompañado de champiñones, shiitake, setas, ensaladilla de quelites y una salsa de vino tinto al pesto. Un plato de contrastes que convierte ingredientes reconocibles en una propuesta inesperada.
Y quizá ese sea el mejor pretexto para hacer las maletas, viajar a Acapulco con ganas de descubrir algo más que sus paisajes. Porque después de una comida así, el día puede continuar con los pies en la arena, horas de sol tropical o alguna de las experiencias imperiales, ya sea una pausa de descanso frente al Pacífico con un relajante masaje en el spa, la visita a un encuentro deportivo o un espectacular concierto, un sinfín de opciones de entretenimiento que forman parte del universo de Mundo Imperial.
Acapulco tiene muchas maneras de disfrutarse pero en Pierre Mundo Imperial, también se saborea.
