Así lo dice La Mont
¿Están?: Para arrebatarle a Morena y a sus aliados la mayoría calificada en la Cámara de Diputados la barrera de las dos terceras partes equivalente a 334 de las 500 curules, la oposición necesita alcanzar de forma al menos 167 diputaciones federales, concluyendo el monopolio sobre las reformas constitucionales. La clave de esta disputa no radica únicamente en el reparto de las listas plurinominales, sino en la recuperación de distritos uninominales altamente competitivos. En términos netos, el bloque opositor requiere arrebatar entre 45 y 55 distritos de mayoría relativa que el oficialismo ganó por márgenes inferiores a los ocho puntos porcentuales. La geografía de este desafío se concentra en las entidades con mayor peso electoral: el Estado de México (con 40 distritos), la Ciudad de México (22), Jalisco (20), Veracruz (19), Puebla (16) y Guanajuato (15). El objetivo primordial abarca las zonas urbanas de clase media, las periferias metropolitanas del Valle de México y las principales cabeceras del centro y norte del país. Si la oposición logra recuperar una treintena de estos enclaves estratégicos, la aplanadora legislativa queda desactivada, obligando al poder federal a negociar el presupuesto y la agenda de gobierno.
Equilibrio: El escenario para que el PAN y el PRI superen al oficialismo en Nuevo León pero aseguren la continuidad en Chihuahua, Querétaro, Durango, Coahuila Aguascalientes, como avances en Veracruz, Jalisco, Estado de México, Oaxaca, Durango y Coahuila exige una cosecha superior a las 70 curules de las casi 135 que suman en conjunto estas demarcaciones. Las condiciones son plenamente favorables para el panismo en plazas consolidadas como Querétaro (6 distritos) y Aguascalientes (3 distritos), así como para las coaliciones locales en Chihuahua (9 distritos), Coahuila (8 distritos) y Durango (5 distritos), donde los mandatarios estatales no oficialistas conservan estructuras operativas competitivas. Por el contrario, la contienda se complica en Nuevo León (14 distritos) y Jalisco (20 distritos), donde la presencia de Movimiento Ciudadano fragmenta el voto no alineado y permite victorias de Morena con porcentajes moderados. En el Estado de México y Veracruz, el arraigo de los programas sociales y la operación territorial de los gobiernos estatales morenistas limitan los avances de la oposición a corredores urbanos específicos como Naucalpan, Huixquilucan o la conurbación Veracruz-Boca del Río. Finalmente, en Oaxaca (10 distritos), la hegemonía de la 4T es casi total, por lo que revertir el equilibrio exige ganar el norte y el Bajío mientras se rescatan distritos clave en el centro del país.
Dirección: El desgaste evidente de varios gobernadores emanados de Morena abre frentes electorales donde el voto de castigo puede traducirse en un freno directo a las iniciativas del Ejecutivo Estatal. El caso más crítico es Sinaloa, donde la prolongada crisis de seguridad y gobernabilidad deteriora gravemente la figura de Rubén Rocha Moya, amenazando el dominio oficialista en sus siete distritos federales. Condiciones similares de descontento e ingobernabilidad se presentan en Guerrero bajo la cuestionada administración de Evelyn Salgado, en Zacatecas con David Monreal y en Colima con Indira Vizcaíno, entidades marcadas por altos índices de violencia que desgastan la lealtad partidista. A este grupo se añaden Morelos, que todavía resiente el deterioro institucional acumulado de años recientes, y Michoacán, donde la tensión constante con sectores productivos y la inseguridad debilitan la cohesión electoral del partido gobernante. En estos estados, la inconformidad ciudadana suele castigar a la marca gubernamental durante los comicios intermedios. Si la oposición capitaliza este malestar territorial, Morena perdería curules uninominales que hoy asume seguras, recortando el margen de maniobra en el Congreso de la Unión y cancelando la posibilidad de avalar reformas constitucionales sin un consenso multipartidista obligatorio.

