Yo Campesino / A ocho años…

*Culpa de todo es de los de antes; la nueva oligarquía es inocente

Por Miguel A. Rocha Valencia

Seguramente los empresarios encabezados por José Medina Mora Icaza registraron el mensaje y, a su reclamo de la construcción de un nuevo Instituto Nacional Electoral confiable basado en la experiencia de sus integrantes, se les dijo que no había vuelta al pasado cuando ese organismo, se les dijo, estaba al servicio de la oligarquía y no del pueblo.

Claro, olvidó el mensaje presidencial recordar que el antes IFE fue construido por todas las fuerzas políticas, incluyendo las de la verdadera izquierda, y que gracias a ello, la 4T está en el poder y que desde entonces, por todas las vías, ha intentado destruir ese puente democrático para que otros no lo usen.

Ellos, los cuatroteros entonces, serían la nueva oligarquía, la mafia que utilizó al INE para treparse en el poder, hacerlo suyo y colonizar los órganos electorales antes autónomos.

Y como no los pudo destruir con todo y las reformas ilegales que promovió esa 4T, procedió a la colonización, tan es así que los 10 integrantes del Consejo General estaban ciegos y no vieron la corrupción de que fue epicentro la recomendada presidencial, Guadalupe Taddei Zavala, insaculada por la mayoría oficialista.

También se olvidaron los consejeros que hoy gritan ¡Crucifíquenla! que no denunciaron a Taddei en su momento y que el organismo interno de control, inexplicablemente, no se dio cuenta de la podredumbre de la cual son cómplices al menos por omisión porque en años no denunciaron y es hasta hoy, que los medios provocaron la caída de la expresidenta, que alzan la voz y hasta fraguan un pliego consignatorio ante la Fiscalía carnal de la República.

La propia presidenta provisional Blanca Yassahara Cruz García, oaxaqueña de nacimiento y poblana por adopción, supo de la corrupción y se hizo cómplice al guardar silencio, al igual que otros que hoy alzan la mano.

Eso implica responsabilidades al menos de carácter político y, si no hablaron, fue por complicidad, miedo o línea desde la presidencia de la República. Muestra también que Taddei Zavala era intocable.

Pero lo peor llega de Palacio Nacional al aplicar el evangelio según el ganso: se trata de no aceptar culpas, acusar al pasado, a la oligarquía de antes y no a la que desde hace años encabeza Morena, que, hundida en la podredumbre de su corrupción, señala a otros como causantes de sus trapacerías.

Hablan de grupos de poder incluso ante empresarios que exigen democracia para invertir y se les contesta que el instituto ya no caerá en manos de la antigua mafia en una oligarquía inexistente o que, en todo caso, hoy encabezan los López y se apodera de todo; pretenden hacerla anónima, pretérita, cuando hoy más que nunca es concentradora del poder, privilegios y corrupción.

Ese mensaje seguro hará que, si ya de por sí no había inversión, ahora habrá menos, pues el oficialismo declaró en público que la 4T no está dispuesta a soltar el poder porque, según él, Morena encarna a un pueblo imaginario destinado a gobernar por siempre, donde no cabe la esperanza de un cambio ni que otros lleguen a gobernar, al menos no por la vía democrática.

Pero ahí están los datos de ese pueblo que se concretan en encuestas y que, si bien por un lado dan 69 por ciento de aprobación a un personaje, por el otro condenan, reprueban su ejercicio del poder en los temas básicos de seguridad, crimen organizado, corrupción y economía, pero con una tendencia negativa que lleva meses.

Aquí es cuando llega la amnesia, se acaban las lecturas y se borra la sonrisa presumida de la aprobación personal, pues en la gestión de la cosa pública todo está reprobado, como en seguridad, donde las opiniones favorables se acaban y del 27 por ciento de “aprobación” cayó 10 puntos para ubicarse en 17; es decir, 83 por ciento de la población reprueba a la 4T en ese segmento.

También en crimen organizado se cae la “aprobación” y de 20 por ciento a favor se cayó al 13 por ciento, revelando que el 87 por ciento no cree en la estrategia oficial de combate a la delincuencia, tal vez porque se dio cuenta la opinión pública de que criminalidad es cada vez más sinónimo de Morena.

Es decir que, a pesar de que todos los cuatroteros denunciados y exhibidos como corruptos y criminales son exonerados en el púlpito presidencial, son condenados por el pueblo bueno, sabio y agradecido; es decir, no creen el discurso del oficialismo y nosotros tampoco.

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