*Discurso de lucha para los alumnos y restaurantes de lujo para algunos maestros
Mientras estudiantes de la Universidad Autónoma Chapingo enfrentan dificultades económicas y dependen, en muchos casos, de los comedores universitarios para garantizar su alimentación, algunos docentes proyectan en sus redes sociales un estilo de vida que contrasta con los discursos de lucha social, igualdad y resistencia que promueven dentro de las aulas.
En la Universidad Autónoma Chapingo, el discurso de justicia social, resistencia contra las fuerzas represoras y lucha contra la explotación parece no tener el mismo significado para todos. Al menos así lo cuestionan algunos estudiantes de la Preparatoria Agrícola, quienes señalan las contradicciones entre los mensajes políticos que reciben en las aulas y el estilo de vida que ciertos docentes exhiben públicamente.
Uno de los casos que ha generado cuestionamientos entre los alumnos es el de la maestra Luz María Hermoso, quien, de acuerdo con las publicaciones que comparte en sus redes sociales, frecuenta restaurantes exclusivos, particularmente en zonas como Polanco, donde algunos platillos pueden superar los 700 pesos o incluso tener precios cotizados en dólares.
La controversia no radica en que una docente tenga la posibilidad de disfrutar de espacios exclusivos o de gastar sus ingresos como considere conveniente. El cuestionamiento estudiantil apunta a la incongruencia que perciben entre ese estilo de vida y los discursos de confrontación política que, según señalan, la profesora promueve durante sus clases.
Mientras en las aulas se habla de luchar contra las estructuras de poder, organizar movilizaciones y manifestarse contra las autoridades universitarias, en sus redes sociales la docente comparte momentos de convivencia y comidas en establecimientos de alto costo. Una imagen que, para algunos estudiantes, contrasta con la realidad económica que viven diariamente.
La pregunta que surge entre los alumnos es inevitable: ¿de qué manera se construye un discurso de igualdad y lucha social cuando existe una distancia tan evidente entre las condiciones de vida de quienes promueven esas movilizaciones y las de quienes son convocados a participar en ellas?
Para muchos estudiantes, la situación económica es completamente distinta. Algunos apenas consiguen cubrir sus necesidades básicas y encuentran en los comedores de Chapingo un respaldo indispensable para continuar con sus estudios. Por ello, consideran cuestionable que se les convoque a participar en protestas, marchas y manifestaciones que podrían responder a intereses políticos o sindicales ajenos a sus propias necesidades académicas.
Los alumnos también cuestionan si su participación en estas movilizaciones responde realmente a una convicción estudiantil o si están siendo utilizados como instrumento de presión en favor de determinados grupos y proyectos políticos dentro de la universidad.
En particular, expresan su preocupación por el respaldo que, aseguran, la docente brinda al candidato J. Reyes, y se preguntan si existe algún interés político o beneficio detrás de las actividades de movilización que se les invita a realizar. Se trata de cuestionamientos que merecerían respuestas claras y transparentes, sustentadas en hechos y no solamente en confrontaciones políticas.
La comunidad estudiantil no tendría por qué convertirse en carne de cañón de disputas sindicales, grupos de poder o proyectos personales. Su prioridad debería ser recibir una educación de calidad, contar con condiciones dignas para estudiar y tener garantizado el respeto a su libertad de pensamiento y decisión.
Al final, la inconformidad de los estudiantes no está relacionada con lo que una maestra pueda comer, los restaurantes que frecuente o la manera en que decida gastar su dinero. El verdadero debate está en la congruencia entre lo que se predica y lo que se practica, así como en el respeto a la autonomía de los alumnos para decidir si participan o no en movimientos políticos.
