Uber, un peligro para las mujeres

Por Socorro Valdez Guerrero

Mary, como le dicen sus amigos a Marina, regresaba de una satisfactoria reunión. Salía de Ecatepec, Estado de México, y vivía en Iztacalco, en la Ciudad de México. Venía de una reunión productiva con mujeres. Fue a hablar de cómo protegerse de la violencia. Qué hacer para enfrentar la inseguridad y cómo no callar ante las agresiones.

Ella, una fémina, solidaria, que apoya con labor social no salió sola del Estado de México, por eso sentía seguridad y confió, aunque, por la hora, decidieron por el servicio de Uber, y dejó en manos de otro que si no lo pidieran, porque ninguna tenía la aplicación ni tarjeta de crédito para pagar.  No era un viaje tan largo, sólo acercarla a ella y a sus acompañantes, todas mujeres, a la estación del Metro más cercana para regresar a la capital del país.

Ella había oído de secuestros, de violaciones en ese servicio, desapariciones de mujeres en aquel municipio inseguro, pero nunca creyó ser una víctima más. Subió sin recordar esos episodios, porque se sentían seguras y la plática amena las absorbió por completo.

Puso, sin embargo, atención en el trayecto, y aunque no conocía la zona, le pareció extraña la ruta. Comenzaron a “cuchichear” entre ellas al ver algo raro en la conducta del chofer y notar que en su pantalla de celular marcaba otra ruta. No era la que ella y sus acompañantes habían solicitado.

Siguieron y la plática amena cambio. Estuvieron alertas al camino y a los movimientos del chofer. Se atrevieron y le preguntaron por qué tomaba otra ruta. La respuesta era común, “porque es la más corta”. Sin embargo, ellas desconfiaron más al ver que intentaba meterse a una unidad. Ahí, sin avisar, decidieron bajar la ventana y preguntarle al vigilante de la caseta que si por ahí llegaban a una estación del Metro más cercano.

Era lógico, el chofer de Uber cambió la ruta y no llegarían al Metro. No sabían a dónde las llevaba ni cuál era su intención. El vigilante confirmó sus sospechas: “¡No!, están muy lejos, y al otro lado de lo que buscan”, dijo con seguridad. Con nerviosismo y firmeza Mary les ordenó: “¡Bajémonos!”.

En su interior todas coincidieron, somos más, y fácilmente lo controlamos. Tenemos que actuar rápido, pensaron, sin decirlo. Y sincronizaron sus acciones. Actuemos, se decían con las miradas, antes que nos lleve a un lugar donde nos superen en número y cumpla su propósito. El chofer se mostró nerviosos, no comentó nada, eran varias y no podría con todas.

Le ordenaron parar de inmediato la marcha, ellas ya estaban dispuestas. Sí era necesario, lo golpearían entre todas. Se detuvo, sin manifestar alguna oposición. Dejó que se fueran sin pedir siquiera el pago. Mejor buscaron un lugar seguro, hablaron con un amigo, que fue por ellas. Esta vez, su actuar rápido, el ser varias, las ¡Había salvado!.Si puedes, viaja en compañía y ante cualquier abusos, ¡Denuncia! No guardes silencio.

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