En Confesiones de un Alcohólico

               Estuve preso del alcohol y me hacía cometer actos antisociales

Por Catalina Guadarrama

En esta ocasión Alejandro N. del Estado de México, comparte con nuestros lectores sus experiencias en el mundo del alcohol: “Desde los cuatro o cinco años mi abuelo me daba pulque, cuando íbamos de paseo a Toluca los fines semana. Me gustaban los traguitos; la primera borrachera que tuve fue a los trece años en una posada familiar, como todos bebían y estaban alegres, no ponían atención a los chamacos y me aproveché de eso para tomar a mis anchas; la familia creyó que me había ido a dormir temprano, pues terminé tirado en un sillón.

Desde esa primera vez, la vida me cambió totalmente, porque ya traía problemas: vivía con temor, era tímido, tenía mucho resentimiento con la vida y esa vez hubo un desdoblamiento de personalidad, pues me sentí sumamente confiado, empecé a platicar, hubo cambio total en mi forma de sentir y de actuar; fue esa la razón de porqué me enganché con el alcohol a la primera.

Estaba en la secundaria y tenía un grupo de amigos de la escuela, no entrabamos a clases, nos íbamos de pinta sólo con el objetivo de tomar, reprobé todas las materias y falsifiqué mis calificaciones, por supuesto se dieron cuenta y me corrieron; estuve en tres secundarias, hasta que por fin logré terminar la educación básica. En la preparatoria siempre hice el intento de continuar estudiando, más nunca pude, porque a partir de ese momento el vicio del alcohol se disparó por completo, pues ya tomaba diariamente y nunca pude terminar el bachillerato. Perdí muchas buenas oportunidades de estudiar debido al avanzado alcoholismo en que me encontraba, eso me llevó al fracaso como estudiante.

Incluso en ese tiempo mi papá venía de visita de Sonora (porque ya o vivía con nosotros), bebía con mi padre o cuando estaba de visita en Ciudad Obregón con su otra familia, nos poníamos unas borracheras con el pretexto de que hacía mucho calor.

Los fines de semana me embriagaba con un tío, salía de fiesta con primos y siempre terminaba borracho perdido, ése era mi placer y mi calma, amaba los fines semana porque era borrachera segura. Al poco tiempo mi forma de beber se acrecentó, buscaba sólo estar ebrio, ése era el fin.

En la familia ya había antecedentes de alcoholismo, drogadicción y enfermedades mentales. Mi madre hablaba conmigo me decía que terminaría mal, mi padre me escribía, más no hacía caso de nada. Me volví ladrón, pues robaba para seguir alcoholizándome. Mis padres me dieron muchos consejos, me ayudaron en cada lío en que me metía a causa de mis fechorías y la ebriedad.

Alguna vez, me agarraron robando en un pueblo del Estado de México y casi me linchan los habitantes del lugar, me dieron una golpiza que me mandaron al hospital y yo seguí bebiendo al recuperarme, no entendía de razones, estaba completamente preso del alcoholismo y me hacía cometer actos antisociales en la familia, el trabajo, en todos los lugares donde me paraba todo terminaba mal. Un día cuando estaba bien perdido de ebrio, llegué a la casa, mi madre me reclamó y le respondí muy agresivamente, le falté al respeto, la amenacé muy feo y me corrió de su casa.

Me fui a vivir Texcoco, tuve un trabajo, pero me corrieron porque sólo vivía para embriagarme. Iba de fracaso en fracaso, me dedicaba a robar para sobrevivir, era muy agresivo: solía amenazar a la gente con un machete, ya no comía, vivía en la calle.

Cuando llego a AA, era un indigente, estaba en una depresión profunda, con una gran tristeza, con sentimiento de soledad, me aislaba de la gente, pues todo mundo me rechazaba ya había tocado fondo. Mi salud estaba cada vez peor, estaba rumbo a la muerte.

  En el grupo, fui cambiando poco a poco, en actitudes y juicios. Me di cuenta, estar en grupo de AA era el lugar correcto para salvarme, era mi última oportunidad y me aferré a los compañeros con todas las fuerzas de que era capaz. Ha sido lento, fui logrando cambiar, tuve que luchar contra ese llamado del alcohol para seguir tomando.

Con todos los problemas que tenía, no me daba cuenta, hasta que llegué a un grupo de AA, fue que me cayó el veinte, de mi personalidad alcohólica, la causa de tantos tormentos.

La piedra angular de mi recuperación fue el grupo AA, por su constancia pues me ayudaron para dejar de beber, mi madre esperaba que terminara muerto o en el reclusorio pues no creía en la recuperación.

A todos los jóvenes, que se dan cuenta y que no pueden dejar de beber, busquen ayuda, no esperen hasta vivir éstas terribles experiencias, en verdad no hay necesidad.

Conozcan este método, que es efectivo para la recuperación de la enfermedad del alcoholismo, comuníquense 800561 3368 vía electrónica www.aa.org.mx donde van a encontrar gran apoyo para quien tiene problemas con su forma de beber”.

Alcohólicos Anónimos, Sección México, ofrece una Alternativa de Solución para quien sufre la enfermedad del alcoholismo. 

Servicios totalmente Gratuitos 

Teléfonos 5557055802 / 8005613368 

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