Ojo de agua que abasteció a familias durante el siglo 19: tesoro oculto de Xochimilco

*Templo que alberga a enigmático cuerpo de agua, resguarda también a escultura de pasta de caña y dientes humanos

En el corazón del Centro Histórico de Xochimilco, a dos cuadras de la catedral dedicada a San Bernardino de Siena, se ubica la capilla de Santa Crucita, la cual data de 1687. En su interior se encuentran grande tesoros: un ojo de agua y dos Cristos del siglo XVIII, elaborados en pasta de caña, costillas y dientes humanos.

Cabe destacar que los primeros frailes franciscanos que iniciaron con la introducción del catolicismo, lo hicieron a través de la inculturación, es decir, tomaron algunas celebraciones religiosas de los indígenas y las insertaron en el cristianismo, incluso, en este lugar, elaboraron un Cristo con rasgos autóctonos con la finalidad de que los habitantes adoptaran la nueva devoción.

El encargado de la capilla, Juan Antonio Muñoz Jardines, asegura que el Cristo de pasta es único en América Latina. Su fisonomía, sus ojos, la barbilla, los pies; incluso cuenta con la estatura promedio de los habitantes indígenas de esa época.

Ubicado en la esquina de Violeta y Francisco I. Madero, Alcaldía Xochimilco, la capilla está dedicada al Santo Entierro y en su interior cuenta con un ojo de agua localizado cinco metros frente al altar. El entrevistado, asegura que en el terremoto de 2017, varias familias quedaron sin agua, debido a que se fracturaron varias tuberías. “Aquí se abastecieron a unas cinco mil familias”, puntualiza. Añade que en Semana Santa, es costumbre ofrecer agua a los fieles.

En el lugar, también se cuenta con una casulla—vestidura que se pone el sacerdote para celebrar misa—, que es una reliquia que data de 1800, bordada a mano con hilos de oro y plata, la cual se expone todos los Jueves Santos. Cabe mencionar que en la época prehispánica, a los habitantes de Santa Crucita se les denominada “petateros”, debido a que elaboraban petates de tule o vara.

Actualmente, el 20 de julio hacen una portada tejida sobre una base de madera, la cual se da como ofrenda en la Capilla de Santa Crucita para pedir cosechas abundantes. La peregrinación sale del templo de San Francisco Caltongo.

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