*Polemico gol al último minuto termina con las pocas aspiraciones que le quedaban a los merengues en la pelea por LaLiga
Por Yiram Anteliz
Lo que se vio este viernes en el Estadio de La Cartuja no fue solo un empate; fue la confirmación de una capitulación. El Real Madrid empató 1-1 ante el Real Betis en un partido donde la desidia y la falta de espíritu fueron los protagonistas. Con este resultado en la jornada 32, el conjunto merengue prácticamente se despide de cualquier aspiración al título, dejando el camino libre para que el FC Barcelona celebre un campeonato que el Madrid parece no haber querido pelear. La distancia en la tabla ya es un abismo que refleja una de las temporadas más grises que se recuerden en Chamartín.
Sin alma ni fútbol: Jugadores bajo la lupa
La imagen del equipo sobre el césped fue, por momentos, penosa. Pese al gol tempranero de Vinicius Júnior al minuto 16, el Madrid se dedicó a caminar el campo, sin hambre de gloria y con una actitud que rozó la indiferencia. Estrellas de la talla de Mbappé y Valverde lucieron desconectados, fallando pases de trámite y mostrando una apatía que ha enfurecido a la afición blanca. «Parece que están jugando un amistoso de pretemporada mientras se les escapa la historia», comentaban analistas locales ante la falta de intensidad defensiva que permitió al Betis crecerse hasta dominar el encuentro.
Polémica en el cierre y el fin de la paciencia
El empate definitivo llegó en el tiempo de compensación, al minuto 94, por obra de Héctor Bellerín. La jugada no estuvo exenta de polémica, con reclamos de una posible falta previa, pero la realidad es que el gol fue el castigo justo a un Madrid que renunció a jugar desde el minuto 60. Buscar excusas en el arbitraje sería tapar el sol con un dedo: el equipo es un barco a la deriva que no sabe sostener ventajas mínimas ante rivales que, con mucho menos presupuesto pero el doble de corazón, logran exhibir las carencias de un vestuario roto.
Ciclo terminado: El clamor por la salida de Arbeloa
La gestión de Álvaro Arbeloa al frente del primer equipo ha llegado a un punto de no retorno. Desde que asumió el cargo en enero, el equipo no ha encontrado una identidad y los números son catastróficos para la exigencia del club. La derrota moral de hoy debe ser el último clavo en el ataúd de su proyecto; la afición exige que, tras el silbatazo final de esta temporada de pesadilla, el técnico salmantino deje el banquillo. El Real Madrid necesita una reconstrucción total, empezando por un liderazgo que no permita que el escudo sea arrastrado por campos de España sin un ápice de dignidad competitiva.
