A Cuauhtémoc Cárdenas ya lo invadió la locura obradorista

*Un “inge” ciego que no quiere ver la viga que tiene en sus ojos…

*Fue víctima de la caída del sistema de 1988, y ahora ese defraudador electoral tiene chamba en el gobierno del fratricida de Tepetitán

*Las incongruencias de la política

Por Blas A. Buendía *

O está ciego…, o de plano, la pandemia de la mentira y la locura obradorista ya lo penetró.

En la víspera de la elección presidencial 2024, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano presume “no ver” una elección de Estado, lo que permite detallar que pretende ser copartícipe del tendido de cortinas de humo para sobresalir entre esos vagos y oclócratas de la política mexicana, porque el “inge” debe saber que la “izquierda” protagonizada por los ex priistas agrupados en el basurero morenista, lanzan la piedra y pretenden esconder la mano.

Lo cierto es que el pueblo de México “ya despertó” para no volver a ser víctima del engaño del obradorismo, pero al “inge” le preocupa la inseguridad, la falta de crecimiento y la suma de pobres que todos los días deambulan por calles y avenidas de todo el país, pidiendo una limosna para comer o comprarse un Tonaya para dormir la moma en cualquier banca de la Alameda de la Ciudad de México. Porque dice el populachero: “Borracho y dormido, no se siente tanto lo jodido”.

Ese es, en principio, el tétrico panorama que presenta el gobierno fallido de Andrés Manuel López Obrador, a quien se le ha observado un claro nerviosismo porque ya ver perdido la elección federal del 24; perderá su capital electoral; su presencia en el Congreso se verá severamente disminuida como respuesta del “voto de castigo”, así como la pérdida de la joya de la corona: la Presidencia de la República. López Obrador va que vuela para darse un tiro…, dicen.

Es totalmente falso lo que dice también el “inge” en el estricto sentido que los aspirantes a ser presidentes “no dicen para qué quieren serlo” (glup), cuando se niega a ver la viga que tiene frente a sus ojos, ¡ya no digamos la paja! que es más molesta.

López Obrador, quien carece de un Código de Honor, llegó al poder porque supo aceitar muy bien su maquinaria de la mentira arbitraria, porque en lugar de darle solución a los graves problemas que padece la Nación, se dedicó hasta hoy en día, echarle la culpa a los neoliberales.

Lo cierto también, que al fratricida de Tepetitán nunca supo el significado de convertirse en presidente tras 18 años de tenaz lucha por desbancar del poder a sus “enemigos políticos” surgidos del neoliberalismo.

El “inge” no tenía nada qué hacer más que participar en un conversatorio donde se dio vuelo para vestirse como inquisidor en contra de los futuros aspiracionistas presidenciales, así como él lo vivió hace varios sexenios que por mucho que hablaba, el pueblo no dio a torcer su brazo por apoyarlo y hacerlo llegar a Palacio Nacional. De plano, le dieron la espalda porque halló que no garantizaba un cambio, sino un capricho de emular a su padre Lázaro Cárdenas del Río.

En los corrillos del Poder Legislativo y del Poder Judicial, se escucha una sentencia que Cárdenas habla por ardor porque a través de su historia personal como haber nacido en pañales de seda en Palacio Nacional, habla por hablar pero en lo particular tampoco traza una guía para abatir la inseguridad que el propio Obrador generó por su descarada vinculación con la señora María Consuelo Loera Pérez, madre del archimillonario narcotraficante Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, más conocido por su apodo “El Chapo” Guzmán, un narcotraficante mexicano que se desempeñó como líder del Cártel de Sinaloa hasta su extradición a los Estados Unidos en 2017, donde fue sentenciado de por vida.

El “inge”, en sus dichos, arremete en contra de los aspirantes presidencialistas al citar que en su agenda estratégica no cumplirían con la desigualdad, fenómeno que rebasó al gobierno fallido de Andrés, quien lamentablemente le ha faltado visión para fortalecer la política industrial, obligando a infinidad de inversionistas huir de México con sus capitales, antes de ser víctimas de la oclocracia neocomunista que manipula el propio mesías tabasqueño.

Una cualidad de la que se le puede dar crédito al “inge”, es la de obligar al Ejecutivo federal que la Guardia Nacional deba ser civil y no ser absorbida por las fuerzas armadas del Ejército y Marina, porque a simple vista, el Rey Andrés pretende militarizar la seguridad en territorio mexicano para eternizarse en el poder, al muy estilo de esos gobiernos comunistas que someten a sus pueblos con el aplastamiento de las botas de sus insensibles Generales y soldados.

Un voto a su favor para el “inge” es haberse pronunciado que el gobierno de López pudiera (de) reformar la estructura del Instituto Nacional Electoral (INE), para evitar que el único reducto democrático existente en el país, sufriera una regresión de cuando menos 36 años, porque si bien en el gabinete del fallido gobierno del famoso AMLO, tiene al gran fraudulento electoral; hoy Manuel Bartlett Díaz es protegido por el manto de la impunidad de MORENA.

“Yo no veo una elección de Estado para el 2024. Puedo estar equivocado. No la veo, espero que a final de cuentas nuestra democracia, con todos los huecos que pueda tener, sea lo suficientemente sólida para que no se nos dé una mala elección, no tengamos una mala experiencia a nivel electoral”, dijo, sin recordar que él fue víctima de la Mafia del Poder del entonces PRI hegemónico.

Conferenciante principal en la reunión del Grupo Plural en el Senado de la República, Cuauhtémoc Cárdenas insistió que no observa en México un gobierno de izquierda, porque no hay una verdadera defensa de la soberanía nacional ni una estrategia clara, definida y efectiva de combate contra las desigualdades.

A consulta expresa de la senadora Nancy de la Sierra y de los senadores Gustavo Madero, Germán Martínez y Emilio Álvarez Icaza, Cuauhtémoc Cárdenas planteó que desde su perspectiva no es fundamental en dónde se adscribe a la Guardia Nacional; lo verdaderamente importante es observar que no es un cuerpo de seguridad efectivo, pero aclaró que por supuesto que la seguridad pública debe tener mandos civiles, en apego a lo que establece la Constitución.

“La Guardia Nacional, que es hasta donde yo entiendo el cuerpo encargado de combatir la delincuencia, no es el problema de a dónde se adscribe, habría primero que tener un cuerpo de combate a la delincuencia que efectivamente esté dando resultados y eso es lo que yo no veo a lo largo y ancho del país”, dijo sin abordar la frase dicharachera de Obrador: “Los delincuentes también son humanos”.

“Por otro lado, y lo he dicho en muchos momentos, me parece que los cuerpos policiacos o como quiera que se les quiera llamar deben tener mandos civiles, de eso estoy completamente convencido y además es un mandato constitucional que debiera mantenerse”, precisó el orador estrella.

Sobre la reforma electoral, señaló que “uno de los logros importantes que ha tenido la democracia en nuestro país es que la autoridad electoral se conduce como una autoridad independiente. Debemos mantener una autoridad electoral independiente, que nos ha dado quiera o no, mejores resultados electorales a los que teníamos antes de la existencia de esta autoridad”.

Si bien el “inge” no abundó que en la filas del gabinete fallido de López existe ese personaje oscuro llamado Manuel Bartlett, quien en 1988 en la elección presidencial encumbró a Carlos Salinas de Gortari, con el pretexto de que falló el sistema de cómputo, existe una extraordinaria incongruencia que los políticos hablen de democracia, cuando tienen durmiendo en su alcoba política a uno de los peores enemigos de la democracia mexicana, donde el propio Cuauhtémoc Cárdenas fue víctima de la caída del sistema.

Otro de los despropósitos del actual gobierno es haber adelantado la sucesión presidencial que entre los partidos políticos los tomó desprevenidos. Para Cárdenas se trata de un proceso natural, pero no observa que Obrador está nervioso por tender una red de estafa y pillaje electoral próximamente.

El “inge” dijo: “Se ha adelantado el juego de la sucesión presidencial y ahí sólo hay una cuestión. A mí no me preocupa que se empiece a mover la situación electoral, pero sí me preocupa que quienes están siendo mencionados o dicen tener interés de llegar a ser Presidente no nos estén diciendo para qué quieren serlo”.

Manifestó su preocupación, en términos generales, por la situación que estamos viviendo, por la situación que está atravesando el país; “es mucha gente a lo largo y ancho del país que sufre cotidianamente” y enumeró los problemas de inseguridad, el avance del crimen; el poco crecimiento, el aumento de la desigualdad y de la pobreza, así como una educación y servicios de salud de mala calidad”.

En el quehacer político nacional, sobre todo en las benditas redes sociales, han aparecido por arte de magia, toda una gama de observaciones críticas que enriquecen el debate político y democrático.

Un cibernauta presentó un panorama de lo que se avecina en la víspera de la elección presidencial del 2024, en cuya reflexión, señala que a ojos vistos —como decían nuestros antepasados—, pensamos que Andrés Manuel López Obrador tiene una popularidad creciente debido al hecho de que la oposición  está hecha pedazos.

Pero, si le damos importancia a la causalidad, esto puede  ser completamente  al contrario: que la oposición esté hecha trizas debido a que el presidente es cada vez más popular…

Diariamente vemos que el presidente utiliza su aprobación con el “pueblo”, como su Espada de Damocles para denostar y desacreditar invariablemente a sus contrincantes, despreciando el peso político de los “neoliberales” y descalificar en conjunto a los críticos contrarios, incluida la prensa, para culminar con su respectiva vacuna “mañanera”, que genera contra la posibilidad de enfrentarse cara a cara con las interminables contradicciones e indefiniciones de su “popular” gobierno.

Porque el hecho que AMLO tenga esa popularidad, no significa que su gobierno sea un modelo de virtudes y éxitos. No quiere decir que se encuentre “blindado”, porque llegará el momento de rendir cuentas y tendrá que sacar de su bolsa “popular” para cubrir el costo político de la negatividad de su gobierno.

Claro está, bajo la lupa actual parece que no tiene límites, que aun cuando “ejecute” y “reforme” sus diarias tentativas, sus niveles de aprobación lo protegen siempre. Y nos preguntamos… ¿qué pasará con la popularidad que utiliza como arma política cuando termine su gestión presidencial? Todo a su tiempo, como diría un filósofo contemporáneo en el concurso de la construcción de ideas.

Reportero Free Lance *

Premio México de Periodismo Ricardo FloresMagón-2024

filtrodedatospoliticos@gmail.com

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